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Mi hermana Phil amó con todo su corazón: a su familia, a las religiosas del Sagrado Corazón, a su iglesia y a su Dios. Toda su vida se dio infatigablemente a todos y a cada uno.
El matrimonio de nuestros padres, Mary Josephine Carrol, nacida en Kingaroy, y James Tiernan, nacido en Murgon, unieron dos familias de inmigrantes irlandeses del siglo XIX.
Nuestra infancia en Murgon fue en el campo, con muchos primos, espacios amplios, fiestas de la iglesia y la incansable devoción de las hermanas locales de la Presentación. Mamá y Papá –Malie y Jim- tienen 63 descendientes vivos. La mayoría de los quince sobrinos de Phil están con nosotros hoy. Sus cuarenta y cuatro sobrinos nietos siguen multiplicándose.
Hoy como familia, nos unimos a la comunidad religiosa de Phil, las hermanas del Sagrado Corazón para honrar a nuestra querida hermana, cuñada, tía y tía abuela. Para nosotros ella siempre será la tía Phil.
Sus padres, una maestra y un hotelero, tuvieron grandes ambiciones para todos sus hijos. Cuando fui bautizada, una de las amigas de mi madre preguntó por qué les había dado a sus dos hijas nombres con las mismas iniciales: M P –Mary Philomene y Madeleine Patricia. ¿No se confundirá el correo?, preguntó. Como Mamá había vivido siempre en pueblos, respondió: “Espero que ellas no van a vivir en Murgon toda la vida”.
En realidad, Phil vivió muy lejos de nuestro lugar de nacimiento: Roma, Francia, Chicago, Boston y en todas las provincias de Australia y Nueva Zelanda. Viajó muchas veces a Europa, Asia, Latinoamérica y el Pacífico, gracias a las diferentes asignaciones de trabajo de la orden. Fue maestra, líder, consejera espiritual, especializada en liturgia y facilitación de retiros. Mamá y papá quisieron que ella viviera plenamente, que tuviera una vida grande. Y ella la tuvo, tocando las vidas de personas alrededor del mundo.
La vida de Phil abarcó un periodo de grandes cambios, desde el momento en que inició en la comunidad, tanto su mundo como el de su vocación estaban en un momento de transformación. El Concilio Vaticano Segundo llevó cambios como que al dejar de usar el hábito las impulsaba a una era de participación en el mundo exterior, un carisma renovado, una nueva apertura, la misa en lengua vernácula, guitarras en la iglesia.
Phil acogió estos nuevos horizontes, en términos teológicos y prácticos. Siempre se vistió muy bien y a pesar de que nunca se quejó de su hábito, estoy segura de que el haberle permitido mostrar sus rizos castaños y usar diferente ropa en el calor de Australia otra vez, fue un alivio para ella.
Pero sobre todo, se interesaba por las nuevas teologías: su enfoque teológico fue una mezcla de lo viejo y lo nuevo.
Adonde quiera que fuera, de sus misteriosas bolsas cuidadosamente empacadas, salían imágenes, símbolos y material de lectura que transformaría un simple cuarto en un templo de meditación. Fue también una ávida lectora de literatura teológica moderna. A través de sus lecturas y estudios examinaba las enseñanzas divinas y la relación entre la teología católica romana y la justicia social, la pobreza y los derechos humanos.
Phil fue demasiado prudente como para pertenecer a un partido político pero no era apolítica. Su imagen de cristo fue de aquel cristo valiente, bondadoso y justo, cuyas enseñanzas ella creía eran capaces de establecer un cambio real en el mundo.
El legado de Phil en el mundo va más allá de la familia y del gran trabajo en la Comunidad. Ella amó, influenció y le llegó a muchas personas. Tenía un gran corazón pero también era decidida cuando se trataba de defender la justicia social. Vivió entre las personas interesadas por los demás y abogó por las necesidades de las familias, las religiosas y los miembros de la iglesia ante las autoridades. Fue canciller de la diócesis de Broken Bay y participó en muchos comités importantes de la iglesia australiana. Como los reconocimientos lo demostraron, fue respetada y apreciada por todos.
Phil se hubiera entristecido aunque no la hubieran sorprendido los eventos de (Ucrania). Unas semanas antes de ese trágico evento había escrito sobre el impacto de la guerra en su propia familia, habiendo tenido a sus padres hermanos en la guerra.
Phil tampoco se hubiera sorprendido de la compasión y valentía que demostraron los campesinos y mineros en Ucrania quienes se unieron bajo circunstancias extraordinarias para tratar de proteger la dignidad de las víctimas y tratarlos con el amor y el cuidado que ellos merecían.
Creía en la bondad de las personas. Inspiraba esta bondad en otros, daba para que se diera. Gracias a ello, lograba relacionarse de una manera sorprendente durante sus viajes. Nos consuela saber que la gente de Ucrania vino en su ayuda. Por eso estamos inmensamente agradecidos. Sabemos que recuperarse de este trauma será largo e impredecible.
Las circunstancias de la muerte de Phil fueron trágicas y violentas. Paradójicamente, la vida de Phil fue ordenada, pacífica y llena de gozo. Hemos sido muy afortunados de haberla tenido en nuestras vidas. Fue maravillosa, inteligente, fuerte, decidida, llena de amor y de alegría. Hacía felices a las personas. Ayudaba, perdonaba, olvidaba, pero sobretodo, amaba.
Quisiéramos extender nuestras condolencias a todas las familias en Australia y en todos los otros países que han sido afectados por este desastre.
En nombre de nuestra familia quisiera felicitar y agradecer el trabajo de nuestro Gobierno, el Departamento de Asuntos Exteriores y el de la Policía Federal Australiana. Cada representante ha sido respetuoso, considerado, discreto, sensible. Ahora que ella descansa en paz, Phil tiene que sentirse muy orgullosa de su país.
Sidney, Australia, julio de 2014