Publicidad

Once meses, seis escándalos

El gobierno de Dilma Rousseff pasa por su sexto episodio de corrupción. Esta vez, en el centro está Carlos Lupi, ministro de Trabajo.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

A la presidenta Dilma Rousseff se le ha presentado otro caso de corrupción en su Gobierno. Esta vez se trata de nuevo de un ministerio de gran relevancia: el de Trabajo. Su titular, Carlos Lupi, del izquierdista Partido Democrático del Trabajo (PDT), tras haber negado públicamente que hubiera viajado en el avión particular del empresario Adair Meira, quien recibía a través de una ONG dinero del Ministerio de Trabajo, ha aparecido en todos los diarios fotografiado bajando de uno de esos aviones.

Lupi, acusado como le había sucedido a su colega del Ministerio de Deportes, el comunista Orlando Silva, de haber creado dentro del ministerio un esquema de corrupción para financiar a su partido, llegó a desafiar a la mismísima presidenta al afirmar: “Ni ella me saca del Gobierno”. Antes ya había declarado que él sólo dejaría el cargo si lo abatían “a tiros”.

Rousseff hubiese preferido, como afirmó a este diario uno de sus asesores, esperar a la remodelación que desea hacer en enero para sacar a Lupi. Ahora, tras haber sido descubierto mintiendo públicamente, no le será fácil esperar, como afirmaba el martes un editorial del diario O Globo titulado “Lupi, un fardo pesado para Dilma”.

El partido de Lupi (PDT), heredado de Leonel Brizola, quien fuera una de las figuras de la izquierda más destacadas y discutidas de la política nacional y que desde los periodos del expresidente Lula da Silva apoya al Gobierno, se encuentra también entre la espada y la pared, dividido en el apoyo a su ministro.

Vivaldo Barbosa, exdiputado federal y una figura histórica del partido, ha escrito un artículo contra el ministro Lupi, su compañero de colectividad, con un título teñido de tristeza: “Un partido que era limpio”.

Es el mismo drama que viven los activistas del PCdoB (Partido Comunista de Brasil) cuyo ministro, Orlando Silva, tuvo que abandonar el Gobierno acusado también de corrupción. Los tres partidos más importantes de la izquierda tradicional brasileña se ven zarandeados por un rosario de escándalos de corrupción política que contradice su pasado de reserva ética de la política del país.

La presidenta Rousseff, que pertenecía al partido del ahora cuestionado ministro Lupi, el cual abandonó hace diez años al ingresar en el Partido de los Trabajadores (PT), se ha visto obligada, en su primer año al frente del Gobierno, a tener que prescindir de varios ministros pertenecientes a dicha izquierda debido a acusaciones de corrupción. Con la salida de Lupi, por todos ya anunciada y esperada, son siete los ministros alejados de su gabinete, seis por corrupción, de los cuales tres proceden de los partidos más importantes de la izquierda (PT, PCdoB y PDT). No es fácil para Rousseff; sin embargo tiene el aplauso de la clase media —que no había votado por ella— gracias a su coraje en lo que ella llama “mi intransigencia ante la ilegalidad”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido