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Leon Amiras, israelí de origen argentino y sefardí, y vicepresidente del Colegio de Abogados de Jerusalén y presidente de la organización de inmigrantes de América Latina, España y Portugal en Israel (OLEI), dice que la justicia internacional se ha convertido en un “mercado en Bagdad”. Es decir, para él, hay un sistema tan caótico y lleno de informalidad, donde los intereses políticos parecen estar por encima de lo que él piensa por imparcialidad y justicia, que tiene las mismas dinámicas de los mercados iraquíes.
La decisión de la Corte Penal Internacional (CPI) de emitir una orden de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y su ministro de Defensa, Yoav Gallant, luego de encontrar que hay pruebas razonables para afirmar que son responsables de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, ha despertado este tipo de comentarios entre la comunidad israelí, que está incómoda con lo ocurrido, como lo expresa Amiras.
Pero en medio de las duras críticas a la CPI, quienes están molestos con la decisión de la justicia internacional no están destacando que el mismo tribunal emitió una orden de captura también contra Mohammed Deif, un comandante militar de Hamás que Israel asegura que está muerto, y que tenía investigaciones contra otros dos dirigentes palestinos: Ismail Hanita y Yahya Sinwar, líder de la agrupación. Es importante destacar esto, pues no hacerlo podría fortalecer un argumento erróneo del lado israelí para sostener su molestia sobre la decisión contra Netanyahu: que el tribunal está inclinado solo hacia uno de los lados.
Muchas de las opiniones que tienen los israelíes hoy sobre esta histórica decisión, como esa crítica a una supuesta falta de imparcialidad en el tribunal, son una invitación a que reflexionemos sobre conceptos y conductas que se han dado frente a esta guerra, como la noción de justicia o la objetividad. Por eso, Luisa Lozano, internacionalista y directora del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, nos ayuda a explorar qué fue lo que ocurrió con esta decisión y por qué ha sido tan mal recibida por algunos.
¿Qué hace la CPI y por qué la necesitamos?
En primer lugar: ¿cómo llegamos a la CPI? Las guerras parecen no terminar. De hecho, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el mundo ha registrado al menos unos 250 conflictos. Contemplando que las guerras podrían aparecer de nuevo, se crearon unas normas modernas para que los conflictos fueran tratados con más justicia. Estas las podemos encontrar en el derecho internacional humanitario (DIH) y vienen evolucionando desde los primeros Convenios de Ginebra en 1864.
Desde su creación en 2002, casi dos siglos después de esa búsqueda de inicial de justicia en las guerras, la CPI se ha encargado de juzgar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidio y crímenes de agresión, denominados colectivamente crímenes atroces. Es decir, este organismo vigila, entre muchas cosas, que las reglas que hay en la mesa sobre las guerras no se incumplan.
El mundo necesita de un espacio así, pero los países parecen aceptar las decisiones del tribunal solo cuando estas no afectan sus intereses o, de lo contrario, suelen recibirlas como Amiras, quien defiende que la justicia internacional se comporta con informalidad. Acá empiezan las discusiones filosóficas: ¿qué viene siendo la justicia? ¿Cómo la entendemos? ¿Necesitamos crear otro organismo que sea reconocido por todos con base en un concepto de justicia unificado?
En primer lugar, Lozano explica que la justicia es “dar a cada uno lo que le corresponde. Lo que Aristóteles definía como el ‘justo medio’. Y si hay un medio al que ha llegado la comunidad internacional es entender que hay unos mínimos en cuanto a derechos humanos. Si hoy están juzgando a Israel es por cosas que nadie puede discutir, como usar el hambre y la comida como un método de guerra. Aunque muchas cosas determinadas por Occidente no son necesariamente vistas como justas en todo el mundo, ya hemos llegado a ciertos acuerdos fundamentales a nivel global sobre otras. Y sería un retroceso desconocer que hay unos derechos básicos y que incluso la guerra tiene límites. Aun cuando cuatro o cinco Estados están en desacuerdo”.
Con ese concepto mínimo sobre lo que debemos entender por “la justicia”, como que matar de hambre a un pueblo está mal, Lozano hace énfasis también en la reacción de Israel. “Todos los Estados tienen un interés muy propio. Hay Estados que no han ratificado los Estatutos de Roma, por ejemplo, como Rusia, Estados Unidos e Israel, que no les interesa tener una corte que está vigilando sus acciones. Entonces, lo que hace Israel en este momento al criticar la decisión de la CPI es legítimo en el sentido de que está defendiendo sus propios intereses y por eso ataca la legitimidad de la corte, pero esto casi que son patadas de ahogado”.
Pero Lozano destaca a su vez que más de 120 países han ratificado el Estatuto de Roma, “dándole legitimidad a la CPI. Hay una noción general en el mundo que dice que matar de hambre a un pueblo está mal. Y para investigar esas acciones está esta corte”.
“Esto es lo mejor que tenemos en este momento: no hay otro organismo con tanto reconocimiento que esté investigando los crímenes de guerra. Si bien están defendiendo lo que les compete, esta es una Corte que ha sido ratificada. No buscaría crear otra corte, aunque esta está sujeta siempre de mejoras”, agrega Lozano.
En el fondo de la decisión de la CPI hay argumentos muy poderosos, como ese de “matar a un pueblo con hambre”. La CPI, con base en evidencia recogida por muchas organizaciones, dice que Israel ha llevado a cabo una campaña para impedir el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza. Amiras, por su parte, sostiene que esa ayuda humanitaria estaba siendo usada por Hamás para alimentar a sus militantes y no la estaba recibiendo el pueblo, por lo que Israel tuvo que tomar esas medidas. En medio de esto, el israelí destaca que hay una “guerra mediática” que se libra contra Israel y que hay mucho antisemitismo en su contra, pues muchos medios occidentales han reportado que Israel está, como dice la corte, cometiendo crímenes de guerra en Gaza.
Sobre esto, Lozano indica que “Israel usa de una manera muy dolorosa este argumento al traer o equiparar lo que está pasando hoy en Gaza, que es una pregunta legítima que tiene la comunidad internacional, con el Holocausto. Nadie se refiere hoy sobre el origen de Israel, sino al posible genocidio que está ocurriendo en Gaza. Aunque todos los medios tienen un sesgo, cuando hay una generalidad y todos reportan lo mismo es porque hay cosas que ya la comunidad internacional admitió y eso es que Israel ha sido descarado en sus acciones y está violando las bases del orden internacional. Los medios tienen una responsabilidad de reportar e informar a la comunidad internacional, y hablar de un posible genocidio es algo en lo que ya nos pusimos todos de acuerdo. Ahora, Israel es un país que tiene mucho poder en los medios en Occidente y que no está acostumbrado a estas críticas, pero sería irresponsable voltear la mirada por seguirle el juego para no afectar las relaciones internacionales”.
Esa discusión sobre los sesgos también es importante para examinar la decisión de la CPI. Amiras critica la conformación de la Corte, destacando que “no se puede esperar un fallo objetivo del magistrado Nawaf Salam, cuando es de origen libanés”. ¿Es esta corte objetiva?
Lozano dice que “todos los jueces de alguna forma tienen un sesgo siempre. Eso siempre va a pasar desde la formación e incluso la etnia. Ahora, la labor de los jueces es tratar de separar lo más que puedan esos sesgos, pero los tenemos todos en la vida y por eso tomamos decisiones basadas en lo que somos, en lo que creemos, en donde nos formamos y demás, obviamente. Pero decir (lo que dice Amiras) es muy vacío. No solo porque no es un solo juez el que toma la decisión, ya que estas cortes usualmente están conformadas por más de 15 jueces. Justamente lo que buscan estas cortes es buscar ese balance con jueces de diferentes países y formaciones. Pero, por otro lado, todos estaríamos impedidos gracias a esos sesgos para tomar decisiones. Los jueces tratan de hacer un análisis ponderado, y eso es lo que se vio en esta decisión”.
Con estas discusiones abiertas, llega la pregunta clave, ¿qué implicaciones tiene esta decisión? Volviendo al comentario de Lozano sobre los medios y su relación de Israel, que no estaba acostumbrado a críticas tan duras, hay que destacar que los cancilleres de Países Bajos o Francia, aliados de Israel, han dicho que acatarán la decisión de la CPI, de manera sorpresiva.
La profesora explica que “lo que dice esta decisión y las primeras reacciones es que, por un lado, los Estados están diciendo que hasta acá acompañan esas acciones de Israel. Ese es un respaldo importante a la Corte. No castigarán a Israel políticamente, pero también están diciéndole a Netanyahu que si visita estos países tendrá problemas, y que estos Estados prefieren evitar esos problemas. Es la respuesta natural”.
Netanyahu, según la experta, va a tener una movilidad limitada, y no va a poder de su país tan libremente. Hay una discusión académica más profunda de qué está por encima, si el fuero presidencial o una decisión internacional. Sobre esta discusión pesará mucho la dirección que tome Estados Unidos desde enero, cuando asuma el poder Donald Trump. Según Amir Tibón del medio Hareetz, Netanyahu cuenta con que el presidente electo lo salve de este golpe. Aunque el republicano cuenta con un equipo muy cercano a Israel, Amiras dice que no está seguro de qué dirección tome Trump, pues ha demostrado ser un tipo “transaccional” con quien no saben qué esperar realmente.
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