¿Otro “golpe” en Libia? Mariscal Haftar dice haber tomado el poder

Acusado por sus detractores de querer instalar una nueva dictadura militar en Libia, el mariscal Jalifa Haftar aseguró haber obtenido «el mandato del pueblo para gobernar» en medio de intensas protestas contra el gobierno de Unión Nacional en Trípoli.

28 de abril de 2020 – 02:40 p. m.
Las manifestaciones contra el Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli aumentan el riesgo de contagio de COVID-19.
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Las manifestaciones contra el Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli aumentan el riesgo de contagio de COVID-19. / AFP

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El Gobierno de Unión Nacional (GNA) de Libia, con sede en Trípoli, denunció este martes un nuevo «golpe de Estado» de su rival, el jefe militar del este libio, el mariscal Jalifa Haftar, quien aseguró la víspera haber obtenido el «mandato del pueblo» para gobernar al país.

Acusado por sus detractores de querer instalar una nueva dictadura militar en Libia casi una década después de la caída del régimen de Muamar Gadafi, Haftar controla además de la región este del país también una parte del sur.

En un breve discurso, el lunes por la noche, el mariscal anunció que el comando general de su «ejército» autoproclamado «aceptó la voluntad del pueblo y su mandato», sin precisar de manos de qué institución había recibido tal mandato.

Tampoco indicó que implicaciones políticas suponía este mandato, especialmente el papel del Parlamento en el este del país y el gobierno paralelo nombrado por esta asamblea, elegida en 2014.

Haftar se aferra a la legitimidad de este Parlamento, que tuvo que trasladarse al este del país debido a un aumento de la violencia en la capital.

El lunes, el mariscal también anunció «el fin del acuerdo de Sjirat», firmado en Marruecos en 2015 bajo la égida de la ONU, del cual emanó el GNA, con sede en la capital Trípoli.

En 2017, Haftar ya había anunciado que este acuerdo de Sjirat había «expirado». En 2014, había afirmado durante un discurso televisado que iba a tomar el poder, pero este anuncio no lo concretó.

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En reacción a las declaraciones del militar, el GNA de Fayez al Sarraj, reconocido por la ONU, denunció una «farsa y un nuevo golpe de Estado, que se suma a una serie de otros que empezaron hace años».

Según éste, Haftar «incluso se volteó contra las instancias políticas paralelas que lo apoyaban y que lo nombraron» jefe del ejército.

El GNA afirma que el mariscal, que intenta desde abril de 2019 hacerse con el control de la capital Trípoli, quiere «disimular el fracaso de sus milicias y sus mercenarios» y «el fracaso de su proyecto dictatorial».

«La decisión de Haftar de oficializar su control directo sobre el este (…) es una señal de su desespero en aumento frente al éxito del GNA en el oeste», considera en la misma línea, Hamish Kinnear, experto de Verisk Maplecroft, empresa británica de análisis de datos y estudios de riesgo con presencia en casi todo el mundo.

Fortalecidas por el apoyo de Turquía, las tropas del GNA despojaron hace dos semanas a las milicias pro-Haftar de dos ciudades estratégicas del oeste del país, y rodean Tarhuna, la más importante base de retaguardia del mariscal, ubicada a unos cincuenta kilómetros al sureste de Trípoli.

Estados Unidos, por su parte, lamentó que el anuncio de Haftar fuera una «sugestión (…) según la cual se pueden imponer cambios en la estructura política de Libia mediante una declaración unilateral», indicó la embajada estadounidense en la red Twitter.

De su lado, el vocero de la ONU Stéphane Dujarric afirmó desde Nueva York que «el acuerdo político libio y las instituciones que de allí surgen son el único marco de gobierno internacionalmente reconocido en Libia».

Enfado en las calles

Manifestantes antigubernamentales libaneses se enfrentaron este martes nuevamente con el ejército en medio de las protestas por la profunda crisis económica que vive el país y que continúa agravándose en plena pandemia de COVID-19.

Los incidentes recomenzaron en Trípoli, en el norte del país, tras los funerales de un joven de 26 años que murió de un balazo la noche del lunes durante enfrentamientos entre el ejército y cientos de manifestantes, según una organización de socorristas en esa ciudad.

Durante este martes, algunos cientos de jóvenes volvieron a salir de calle en la segunda ciudad del país, provocado destrozos e incendiando una media docena de bancos, constató un fotógrafo de la AFP.

Fueron dispersados por el ejército con gases lacrimógenos y balas de goma. Los manifestantes arrancaron baldosas de las aceras para arrojar contra las fuerzas del orden e incendiaron dos de sus vehículos.

En otras partes del país los manifestantes cortaron rutas con neumáticos incendiados. En Beirut, intentaron bloquear un importante cruce carretero pero las fuerzas de seguridad lo impidieron. En Trípoli, el lunes por la noche una veintena de personas resultaron heridas, así como 40 militares, según el ejército.

Desde hace varios días, Líbano vive un aumento de la tensión y los manifestantes relanzaron su movilización para denunciar, en pleno Ramadán, una inflación galopante y una depreciación sin precedentes de la libra libanesa.

Esta inflación es denunciada a diario en las redes sociales. Por ejemplo, los pañales para bebé pasaron de valer 20.000 libras a 30.000 libras, y el kilo de carne de 18.000 a 32.000.

En el mercado negro, el cambio superó las 4.000 libras por un dólar, mientras que la tasa oficial de 1.507 libras quedó sin operaciones.

El gobierno estudia un plan de reactivación económica, pero aún está inacabado.

«Hasta ahora, el gobierno no ha hecho nada, excepto suspender el pago de los eurobonos», declara a la AFP el economista Samir Nader, en referencia al impago de la deuda de El Líbano.

«No se ha tomado ninguna medida que anuncie reformas», agrega.

El país se dirige «hacia una explosión social inevitable» por la depreciacion de la moneda «y la caída del poder adquisitivo», alerta.

La Asociación de Bancos de El Líbano anunció el cierre de las agencias en Trípoli, debido a «ataques y actos de vandalismo».

Los manifestantes acusan a los bancos libaneses de complicidad con el poder político y de haber contribuido al endeudamiento público desenfrenado y la quiebra del Estado.

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