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Perdiendo la timidez

El único revés del país en sus recientes aspiraciones fue en la CPI, en donde le cobraron el no haber apoyado la postulación palestina en la ONU. Ahora quiere la OIT y una curul en la CIDH.

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Ni siquiera ha pasado una semana desde que la canciller María Ángela Holguín regresó de Trinidad y Tobago, donde el colombiano Alfonso Múnera fue elegido secretario de la Asociación de Estados del Caribe (AEC). Fue un logro de la diplomacia colombiana y una visita en la que no dejó de tocarse el tema de la candidatura del vicepresidente, Angelino Garzón, a la dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Actualmente, Trinidad y Tobago tiene un puesto en el Consejo de Administración de la OIT, lo que le da la posibilidad de votar el próximo 28 de mayo durante la elección del nuevo director.

Garzón tendrá al menos dos votos de parte de los 28 estados que participarán en la votación (junto a 14 empleadores y 14 representantes de trabajadores, para un total de 56 votos). Colombia ganó un puesto en dicho consejo en junio de 2011, a fuerza de diplomacia, lo que representaría el primer apoyo a favor de Garzón. Y Brasil, según una alta fuente de la Cancillería colombiana, ya le expresó al gobierno su disposición para apoyar al vicepresidente. Ahí están los dos votos que, sumados a los que tendrán derecho Argentina, Trinidad y Tobago y El Salvador, componen los cinco países de América Latina y el Caribe que participarán de la elección en calidad de gobiernos. Sin embargo, de apoyo todavía se sabe muy poco.

“Quizá este año se acabe la temporada alta de candidaturas a nivel internacional”, dice la fuente de la Cancillería, que habla de una menor capacidad para pactar apoyos con otros países actualmente. Menor que la obtenida con la llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia en agosto de 2010, la cual al cierre de 2011 había logrado 19 posiciones internacionales que iban desde un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2011-2012), la membresía en el Consejo de Administración de la OIT (2011-2014) y una silla en el comité de Patrimonio Mundial de la Unesco (2012-2015), hasta puestos técnicos en la Organización de Aviación Civil Internacional y en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

Una nación, por lo general, espera algo a cambio de apoyar alguna candidatura. Son las reglas de la diplomacia que hablan de los favores concedidos y pendientes (apoyos futuros y cooperación, por ejemplo) como si se tratara de una moneda de cambio para alcanzar posiciones, un capital simbólico que así como se acumula también se gasta. Lo de Colombia podría catalogarse como un gasto inicial de un gobierno que pretendía ingresar a los escenarios internacionales y “desnarcotizar” la agenda exterior, como expresó el presidente Santos. Los éxitos en las candidaturas, con 19 logros en casi año y medio, hablan bien de la estrategia durante un período en el que el único revés importante vino con la fallida aspiración del magistrado Eduardo Cifuentes a juez de la Corte Penal Internacional (CPI).

“Nos criticaron porque Colombia está en la lista de observación de la CPI y para algunos países eso podría representar un futuro conflicto de intereses. Otros nos cobraron no haber apoyado la intención de Palestina de convertirse en miembro pleno de la ONU”.

Consciente de que en materia diplomática hubo un gasto importante, al que también se sumaron los esfuerzos para llevar por consenso a María Emma Mejía a la secretaría general de Unasur y a Alfonso Múnera a la AEC, el gobierno colombiano centra sus fichas en las candidaturas de Garzón y del magistrado Humberto Sierra Porto para ser juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Colombia ha logrado visibilizarse, pero la dirección de la OIT es la apuesta más ambiciosa y se asume en un momento en el que los logros y el gasto han sido importantes. Además, se compite contra candidatos europeos y africanos, y quien ocupa el cargo actualmente es el chileno Juan Somavía, lo que podría servir de argumento para los interesados en que haya una rotación regional.

Algún embajador ya insinuó a la Cancillería, como comentario o como reclamo —relata la fuente—, que Colombia le estaba apuntando a todo. El Gobierno sabe que mostrar sensatez es importante porque todos los países tienen aspiraciones, pero cada quien hace su trabajo y la canciller Holguín es partidaria de no ahorrar esfuerzos. Este año podría significar nuevos triunfos que ratificarían una excelente gestión o el recato de haber obtenido posiciones importantes. Colombia desea entrar al Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (2013-2015) en las votaciones de octubre próximo, cuando ya se conocerán los resultados de las aspiraciones de Garzón y Sierra Porto (a mitad de año tendrá lugar la votación en su caso). De lograr la entrada, el país conseguiría un nuevo capital diplomático porque tendría derecho a voto en una dependencia relacionada con un sinnúmero de comités y órganos especializados. Así mismo, se acumularían monedas de cambio para nuevas aspiraciones.

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