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¿Por qué EE. UU. no va a poder regular las armas?

Desde 1999 han sido seis los intentos de los gobiernos norteamericanos por regular la compra y venta de armas de fuego en el país. Sin embargo, todas las iniciativas han sido derrotadas por una poderosa e influyente organización que no permite que le trunquen sus intereses: la Asociación Nacional del Rifle.

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Cada vez que hay un tiroteo masivo en Estados Unidos regresa el debate, la indignación y la incertidumbre sobre los autores, el terrorismo y el porte de armas. Donald Trump, que llegó a la Casa Blanca en 2016 con un discurso nacionalista, se ha empeñado en achacarle la culpa de los problemas de su país a otros.

(En contexto: Sangriento fin de semana por tiroteos en Estados Unidos, ¿y ahora qué?)

La inseguridad y el peligro, por ejemplo, recaen para el mandatario en la cantidad de inmigrantes que a diario intentan cruzar la frontera (por lo que cada vez hace sus políticas migratorias más restrictivas). Sin embargo, parece no percatarse de que los hombres que más terror han causado en los últimos años nacieron allí: son estadounidenses, jóvenes, alimentados por el odio, el racismo y la xenofobia que se sienten protegidos por la industria de las armas.

Para Trump, los tiroteos que ocurren a diario —van 251 en los 218 días del año— no son motivo suficiente para debatir sobre el control de armas. Tampoco las más de 80.200 personas muertas por violencia con arma de fuego en los últimos cinco años (según cifras de Gun Violence Archive) y, aun menos, el alarmante uso de fusiles militares de asalto para perpetrar estas masacres. Por eso, aunque en la agenda el tema del control de armas regresa, Trump prefiere desviar la discusión hacia los videojuegos o la salud mental que poner en peligro los intereses de sus aliados y amigos de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en ingles).

(Le recomendamos: Tiroteos, el pan de cada día en Estados Unidos)

Creada en 1871 como un grupo recreativo para promover y fomentar el uso del rifle sobre bases científicas, la Asociación Nacional del Rifle se presenta en la actualidad como la “organización de derechos civiles más antigua de EE. UU.”, y defensora férrea de la Segunda Enmienda (el derecho constitucional a portar armas de fuego). Su defensa a ultranza de las armas de fuego y sus negativas a cualquier medida de control la han convertido en una de las agrupaciones más controvertidas del país, pero también en una de las más poderosas.

Aunque la relación entre la Asociación y la política estadounidense es de larga data, con la llegada de Donald Trump a la Presidencia, la Casa Blanca se ha convertido en su mayor respaldo (además de la fuerte industria estadounidense de las armas de fuego y el soporte económico de sus casi cinco millones de miembros). A sus cien días de gobierno el mandatario —que pertenece junto a sus hijos varones a la NRA— les dijo que ahora tenían “un verdadero amigo y campeón en la Casa Blanca” que nunca infringiría el derecho de las personas a mantener y portar armas, “nunca jamás”.

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