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A primera hora de la madrugada del miércoles, un potente terremoto, uno de los mayores jamás registrados, sacudió la costa de la península rusa de Kamchatka. Los centros de tsunamis de la costa del Pacífico entraron rápidamente en acción, emitiendo advertencias ante la posibilidad de que se produjeran las colosales olas oceánicas que suelen generarse después de los grandes terremotos.
Pero al avanzar la mañana, al no materializarse las grandes olas, los centros empezaron a desescalar o retirar esas advertencias en algunos lugares, incluidas partes de California, Hawái, China y Japón. ¿Qué ocurrió?
Según Diego Melgar, geofísico de la Universidad de Oregón, parte de la razón por la que los tsunamis fueron más débiles de lo previsto puede tener que ver con el tamaño del terremoto. “Los hay grandes”, dijo. “Y luego está lo muy muy muy grande”.
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El suceso más reciente tuvo una magnitud estimada de 8,7 u 8,8 en la escala que utilizan los científicos para medir la fuerza de los terremotos, según Melgar. Por el contrario, los tsunamis catastróficos del pasado, incluida una ola que asoló Indonesia en 2004 y otra que golpeó Japón en 2011, tuvieron una magnitud de aproximadamente 9.
Esos sucesos pueden parecer comparables al terremoto del miércoles, dijo Melgar, pero son significativamente mayores. Esto se debe a que la escala de terremotos es logarítmica: un terremoto de magnitud 9 posee unas 10 veces más energía que uno de magnitud 8,7, y unas tres veces más que uno de magnitud 8,8.
El terremoto del miércoles se produjo a lo largo de una zona de subducción, donde una de las placas tectónicas de la Tierra se desliza bajo otra. Esto puede hacer que el fondo marino se mueva hacia arriba y hacia abajo, creando una ola que se propaga por el océano.
Según Melgar, los modelos actuales sugieren que el terremoto del miércoles se produjo en un tramo del fondo marino de cientos de kilómetros de longitud. Cuanto más prolongado sea el terremoto, más enérgico puede ser el tsunami, dijo.
Un terremoto mayor suele generar una ola mayor. Pero el tamaño de la ola depende de pequeños detalles del seísmo, como la profundidad del movimiento en distintas partes a lo largo de la línea donde se encuentran las dos placas tectónicas.
“No todos los terremotos son iguales”, dijo Melgar. “Aún estamos desentrañando los detalles. Llevará semanas o meses de investigación averiguar qué ocurrió exactamente”.
Lo más probable es que este terremoto no fuera lo bastante grande como para crear una ola catastrófica. “No me malinterpretes, sigue siendo enorme”, dijo Melgar. “Pero los de 2004 y 2011 fueron gigantescos”.
Las estimaciones actuales de la altura de las olas a lo largo de la costa estadounidense varían según el lugar. Alaska se salvó en su mayor parte, y partes de California experimentaron olas de alrededor de un metro de altura, según Vasily Titov, científico que simula tsunamis en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por su sigla en inglés). En Hawái hubo olas ligeramente más altas.
Eso generó inundaciones, pero por el momento no hay noticias de muertes.
El tsunami, eso sí, no fue débil en todas partes. A lo largo de la costa de Kamchatka, se registró “un tsunami enorme y un mega evento”, dijo Titov, posiblemente comparable a la ola que azotó Japón en 2011, que alcanzó alturas de más de 39 metros. Los modelos de tsunami de la NOAA no están bien afinados en Kamchatka, que está mucho menos poblada.
“Tuvimos suerte de que esta energía no llegara directamente a las costas estadounidenses”, dijo Titov, refiriéndose a la fuerza de la ola. La costa de Chile seguía en alerta el miércoles.
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Los tsunamis son diferentes de las típicas olas oceánicas, que son ondulaciones menos profundas creadas por el viento. Los tsunamis, por el contrario, se generan a mayor profundidad, y son más parecidos a las olas que se producen si sumerges la mano en el agua y la mueves arriba y abajo.
El suceso del miércoles fue un poco poético, dijo Melgar: en 1952 se produjo un terremoto en el mismo lugar. En esa ocasión desencadenó una ola de 3,5 metros de altura que alcanzó la costa de Hawái sin apenas aviso previo. Ahora, la red de centros de alerta en el océano Pacífico permitió que el mundo estuviera más preparado.
“Es mejor prevenir que lamentar”, dijo Melgar. “Las alertas salieron. Es un gran éxito”.
*Katrina Miller es periodista científica del Times, con sede en Chicago. Se doctoró en física por la Universidad de Chicago.
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