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La incertidumbre ha vuelto a Venezuela tras el anuncio realizado el martes por Hugo Chávez de que deberá someterse a una nueva cirugía para tratarse otra lesión, probablemente cancerosa. Está en las portadas de los diarios, en las apuestas para las elecciones presidenciales del 7 de octubre próximo, en las que Chávez aspira a un tercer mandato consecutivo de seis años. Pero la duda ha vuelto, sobre todo, a las filas del partido de Gobierno, donde la aparente recuperación del presidente-comandante había amainado las tensiones internas generadas por la enfermedad del líder y por una eventual sucesión.
La duda que se mantiene intacta es qué órganos del cuerpo de Chávez han sido afectados por el cáncer y qué grado de avance tiene la enfermedad. El 30 de junio de 2011, el presidente venezolano explicó que había sido operado de un tumor maligno, del tamaño de una «bola de béisbol», pero no aclaró dónde estaba alojado. El martes pasado tampoco lo hizo cuando anunció que le había sido detectada otra «lesión», de dos centímetros de diámetro, en el mismo lugar donde le fue extirpado el tumor anterior. Este segundo tumor le será operado antes del fin de semana en La Habana, por los mismos médicos cubanos que le atendieron la primera vez.
La teoría que se deriva de esta nueva complicación descrita por Chávez es que el tratamiento al que ha sido sometido desde junio del año pasado hasta ahora, no ha dado los resultados deseados. Desde su primera operación, el presidente venezolano ha recibido cuatro sesiones de quimioterapia: tres en La Habana y una en Caracas. Y aún a pesar de ellas, la lesión reapareció en el mismo lugar. Chávez no descartó que, de resultar maligno este segundo tumor, requeriría «seguramente de radioterapia focalizada», lo cual «por supuesto, frenaría» sus actividades de campaña para reelegirse en la presidencia. Salvo esas informaciones, suministradas a cuentagotas, Chávez insiste en mantener en secreto los detalles de su estado de salud. Y sin informes médicos oficiales que permitan pronosticar el desarrollo de su enfermedad, todas las proyecciones que se hacen en la opinión pública de Venezuela respecto a si estará en condiciones o no de mantenerse en el poder y de competir en la elección están basadas en la especulación. Las más empíricas, en los deseos de un bando y de otro, en este país marcadamente dividido entre chavistas y antichavistas.
Desde diciembre pasado, el presidente-comandante ha estado moviendo sus fichas dentro del Gobierno y del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En aquella oportunidad anunció que el canciller Nicolás Maduro y el vicepresidente Elías Jaua -los dos líderes que se hicieron cargo del país durante su primera convalecencia y con más posibilidades de sucederle- serían destituidos de sus cargos en cualquier momento, para que pudiesen competir en las elecciones regionales de diciembre próximo. También le devolvió una gran cuota de poder a su viejo compañero de armas y alumno, Diosdado Cabello: exteniente del Ejército, a quien se le atribuye el liderazgo del ala militar del PSUV. Cabello es, desde enero, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional. Según lo que establece la Constitución venezolana, el vicepresidente ejecutivo y el presidente del Parlamento serían, en ese orden, quienes deberían asumir el poder en caso de ausencia temporal o definitiva del presidente. Mientras el panorama se despeja, lo visible es que la maquinaria de propaganda oficial comenzó a funcionar tan pronto como Chávez hizo el anuncio de su recaída. Los conductores de programas de la estatal VTV daban brinquitos en pantalla y ensayaban muecas que simulaban sonrisas. «¿Qué esta es enfermedad pa» él?» decía el más optimista.
El ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra, y el presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, que cuatro días atrás minimizaron los rumores que indicaban el agravamiento de la salud del presidente, alegaron después que la confirmación oficial no se conoció antes para no «agriarle» las fiestas de carnaval a los venezolanos. El ministro Izarra también defendió el derecho de Chávez a reservarse algunas informaciones vinculadas con su salud. «Él ha comunicado los detalles de su enfermedad hasta donde su privacidad lo permite», dijo a través de VTV. Izarra denunció que los rumores que circulan acerca de la gravedad del presidente solo buscan minar su popularidad, que después de 13 años de Gobierno es superior al 50%.
La oposición ha asumido la noticia con discreción. El candidato único que se enfrentará a Chávez en las presidenciales de diciembre, Henrique Capriles, escribió en su cuenta de Twitter: «A mi contendor como hijo de Dios que soy le deseo una exitosa operación, una pronta recuperación y larga vida!». Y nada más.