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«Recibí un mandato apabullante»: presidente de Costa Rica

El mandatario parecía un candidato inviable según las encuestas y terminó por aplastar al oficialismo al recibir el 78% de los votos.

 El nuevo presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís. / EFE
El nuevo presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís. / EFE
Foto: EFE - Jeffrey Arguedas

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Luis Guillermo Solís no creyó que pudiera recibir tantos votos y se siente un poco culpable por dudarlo. Con el millón y 300.000 costarricenses, este académico de 56 años se pone al frente de altísimas expectativas de cambio de distintos sectores en este país trabado entre su éxitos, sus ambiciones y sus falencias, tanto económicas como sociales. Se pone también al frente de la política internacional, como mandatario en este año en que Costa Rica ocupa la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados de América Latina y del Caribe (CELAC).

 ¿En qué cambia los planes políticos este resultado tan aplastante?
Me obliga a asumir con mucha más fuerza el compromiso con el cambio. Si antes ya estaba comprometido, ahora tengo hacerlo con más determinación. Recibí un mandato apabullante y no deja márgenes para no hacer lo que me están pidiendo. Es casi un grito lo que estoy recibiendo.

 ¿Cambia las prioridades o los márgenes políticos?
Las prioridades son las mismas y esta votación en cierto sentido está ratificando las prioridades. El cambio sí está en los tiempos. El problema es que algunas de esas decisiones no todas las demandas de la gente, complejas como son, tienen que ver con el Poder Ejecutivo.

 ¿La ansiedad popular representa un problema para sus primeras decisiones?
La gente no está tan ansiosa por los detalles, sino con los resultados y aún no soy el Presidente en funciones. La gente me hizo un encargo con su confianza. Me dijeron ‘¿necesita un millón de votos? Tome un millón y 300.000’. Me están pidiendo que cambie las cosas con contundencia. Por ejemplo, me está pidiendo que baje el precio de la luz (la tarifa industrial triplica la de Estados Unidos) y entonces estoy pidiendo opciones, tres o cuatro para hacerlo de entrada.

 A estas alturas de su proyecto político, ¿no debería saber ya cómo abaratar la energía?
Por eso tengo un equipo de economistas y expertos en energía en eso. Nosotros propusimos algo que las organizaciones de consumidores no aceptaron. Entonces estamos buscando otros métodos.

 Siempre va a encontrar sectores adversos a sus planes.
Claro, estamos metidos en nuestras propias lógicas. Los del ICE (Instituto Costarricense de Electricidad) están por mantener cero cogeneración eléctrica y cero exportación de energía, o en términos que no resultan rentables. El sector privado quiere una apertura total y dice que ninguna otra opción es suficiente. Y tengo a consumidores industriales y domésticos pidiendo que bajemos ya las tarifas. Lo que quiero es ver todas las opciones.

 Caemos aquí en el tema de las altas expectativas que caen sobre sus hombros. Muchos sectores quieren que el nuevo gobierno, ese que logró encantar en la campaña, solucione sus problemas particulares.
Eso es cierto en parte, pero hay gente que está pidiendo soluciones con una mirada más amplia y un horizonte de cambio más largo, con acuerdos nacionales que, se sabe, no serán inmediatos y llevarán años, como la reforma necesaria en el sistema de educación. La gente entiende eso. Lo que no quiere es la inmovilidad.

 Un político no tradicional que era un candidato inviable y acabó con un apoyo aplastante. ¿Cómo se lo explica?
El pueblo atendió los llamados que hicimos de manera totalmente disciplinada. Más bien a veces me siento culpable de haber dudado de si efectivamente iba a hacer lo que finalmente hizo (resultado electoral de 78% contra 22% del oficialismo). Lo interesante del pueblo de Costa Rica es que sale a votar con lucidez, sin que nadie lo presione o lo atemorice, con entera conciencia de lo que está haciendo. Me siento muy honrado, muy comprometido y a veces un poco turbado. El peso de la expectativa es tan grande que a veces me pregunto si podré sobrellevarla.

 ¿Cómo se aplaca esa pregunta de si podrá sobrellevarla?
El equipo me ayudará a hacer las cosas. Entonces me respondo que sí podremos, porque yo no voy a estar solo, yo he insistido en la acción y la participación ciudadanas para llevar la carga de manera creativa y diferente de como se ha hecho hasta ahora, no con un criterio vertical burocrático, sino más horizontal y con acción ciudadana.

 ¿Puede entender que, por la campaña y el resultado electoral, desde fuera se le vea casi como un Fujimori que se cruza en el camino tradicional del país?
Un Fujimori de ninguna manera por varias razones. Aquí no tenemos el fenómeno del terrorismo que explicó en Perú la escogencia de Fujimori, ante la incapacidad de los partidos tradicionales de controlar a Sendero Luminoso. Segundo, había en Perú una corrupción rampante que ahí no tenemos ni de lejos. Tercero, Fujimori no sólo no era conocido, sino que tampoco tenía partido. Yo llego con el PAC que es un partido establecido, que ha participado antes en tres ocasiones y se ha convertido en un actor de la política en la última década, con una estructura débil, sí, pero con valores más que conocidos a pesar de su juventud (13 años). Y lo más importante: el talante del candidato. Fujimori era un dictador y siempre lo fue, fue autoritario desde el principio.

 Cómo es usted entonces?
Soy un hombre muchísimo más dialogante. Mi talante es el de un negociador, que busca trabajar en equipo y que escucha antes de resolver. No soy un individuo que se lanza contra las barricadas de primera entrada.

 ¿No teme un efecto como el de Obama, ser el depositario de altas expectativas que acaban, en buena parte, truncadas por el sistema?
Podría ser. La administración pública es carnívora y hay una serie de dinámicas burocráticas que pueden acabar convirtiendo en un callejón sin salida algo que era una nueva idea.

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