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Reino Unido, en manos de los liberales

El líder conservador David Cameron le ofreció a los liberales un pacto. Si esas conversaciones fructifican, la carrera del actual primer ministro, Gordon Brown, estará acabada.

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A pesar de no cubrir las expectativas de crecimiento que le daban los sondeos preelectorales, el liberal-demócrata Nick Clegg consiguió poner la reforma del sistema electoral en el centro del debate político y de la formación de un nuevo gobierno. Tanto el laborista y primer ministro, Gordon Brown, como el conservador David Cameron se ofrecieron a pactar esa reforma a cambio del apoyo de los liberal-demócratas en los Comunes para seguir siendo, o para empezar a ser, primer ministro del Reino Unido.

Luego de ser el factor de la discordia durante la campaña, por el fugaz fervor que despertó, Clegg es ahora el hombre definitivo en la formación del gobierno. Gordon Brown dijo este viernes que estaba dispuesto a negociar con Clegg “cambios en el sistema electoral” y someterlos de inmediato a referéndum. David Cameron no fue tan lejos. Aunque reconoció que es necesaria una reforma del sistema electoral, marcó distancias. “Los liberal-demócratas tienen sus ideas, nosotros tenemos las nuestras”, dijo. Ahora todo está en manos de Clegg, quien deberá decidir su apoyo antes del 25 de mayo, día en que la Reina Isabel presenta el nuevo programa de gobierno al Parlamento y al país.

Paradojas de la política

Los laboristas perdieron la noche del jueves más de 90 diputados y sufrieron la humillación de ver cómo el Partido Conservador se convertía en el más votado en el conjunto del país y el mayor grupo parlamentario en la Cámara de los Comunes, pero el de momento primer ministro, Gordon Brown, tiene motivos para el consuelo y la oportunidad de convertir en victoria política su derrota en las urnas.

Brown sobrevivió. La mala noticia es que su supervivencia no está en sus manos, sino en la capacidad de los conservadores de alcanzar un acuerdo de gobierno con los liberales. La otra mala noticia es que la ausencia de mayoría conservadora es sobre todo fruto de la reticencia de los británicos a apoyar el conservadurismo compasivo de Cameron como en 1997 apoyaron el Nuevo Laborismo de Tony Blair.

Brown tiene a su favor el entramado institucional, que le permite seguir siendo primer ministro hasta que se demuestre que no tiene la confianza de los Comunes porque la oposición controla los escaños suficientes para formar gobierno.

Pero, aunque las posibilidades de que Brown siga en Downing Street no son desdeñables, dependen sobre todo de que fracase la oferta de los tories a los liberales-demócratas. Si Cameron acepta reformar la ley electoral, una reforma que puso sobre la mesa sólo de forma parcial, y convocar un referéndum, aunque sea para hacer luego campaña en contra de esa reforma, el líder tory tiene muchas posibilidades de lograr el apoyo del líder liberal Nick Clegg para llegar a Downing Street.

Si esas conversaciones fructifican, la carrera de Brown estará acabada. Pero si fracasan, tendrá el camino abierto para pactar con los liberales. Aunque sea para seguir gobernando un año: el tiempo justo de reformar la ley electoral, convocar un referéndum y dejar paso a un nuevo líder.

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