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“Todos aquellos que han tenido un papel en la fundación y el apoyo a estos grupos terroristas deben reconocer sus errores”. Las palabras son parte del discurso ante la Asamblea General de la ONU dado por el presidente iraní, Hassan Rohani, que repartió duros pronunciamientos, y acaso lecciones, durante una de las intervenciones más esperadas de la reunión en Nueva York.
Rohani, e Irán para ese caso, es uno de los principales protagonistas en el futuro inmediato de un Oriente Medio envuelto en una fiebre yihadista que consume a Siria e Irak, pero que también ha comenzado a mostrar signos de esparcirse por lugares como Argelia, en donde fue decapitado un ciudadano francés, y Filipinas, en donde dos turistas alemanes se encuentran secuestrados y, supuestamente, pendientes de ejecución.
El gobierno iraní es el mayor aliado regional del régimen del presidente sirio, Bashar al Asad, un hecho que incomoda a Occidente y que ha obstaculizado de cierta forma el consenso regional acerca de cómo enfrentar más efectivamente a los militantes del Estado Islámico (EI), que controlan vastas zonas en Siria e Irak.
Al mismo tiempo, Irán fue uno de los primeros países en responder ante el avance del EI en Irak, un asunto que Rohani no dejó pasar en su discurso al recordar que, sin su ayuda, los yihadistas ya se encontrarían viviendo en el sur de Bagdad. Aunque sin mayores confirmaciones oficiales, se estima que Irán incluso ha enviado aviones de combate para defender posiciones claves, como la mezquita de Samarra, punto neurálgico del enfrentamiento entre suníes y chiitas en Irak.
Irán, sin duda, puede ser uno de los apoyos más importantes de la coalición internacional en contra del EI: su cercanía, influencia, poder militar e inteligencia pueden resultar decisivos a la hora de ganar terreno contra una militancia que es asediada primordialmente desde el aire. Rohani parece saberlo y por eso su posición de negociación, implícita en su discurso, es la siguiente: llegar a un acuerdo sobre el desarme del programa nuclear iraní (que traería el levantamiento de sanciones contra la economía de Irán) y entonces sí hablar de una cierta cooperación en términos de seguridad.
“El pueblo de Irán, que ha sido objeto de presiones por cuenta de las continuas sanciones, especialmente en los pasados tres años, no puede poner su confianza en ninguna cooperación en temas de seguridad entre su gobierno y el de aquellos que han impuesto las sanciones, creando así obstáculos para satisfacer necesidades primarias en alimentación y cuidados médicos, por ejemplo”, dijo el político iraní.
Aunque Rohani se ha mostrado optimista acerca de las conversaciones nucleares, cuyo embrión fue plantado justamente en la Asamblea General del año pasado, algunos reportes sugieren que ambos bandos (seis potencias e Irán) aún están lejos de llegar a acuerdos en temas como la capacidad iraní para enriquecer uranio mediante centrifugadoras: Irán propone limitarla, mientras que el otro lado quiere el desmantelamiento completo de buena parte de las 19.000 centrifugadoras que forman la espina dorsal de las ambiciones nucleares de este país.
Rohani hizo una advertencia que con seguridad dejó pensando a más de uno: “Creo que si los países que dicen liderar esta coalición (contra el EI) están buscando perpetuar su hegemonía en la región, sería un gran error estratégico. La democracia no puede entregarse empacada en una maleta. No es una mercancía que se puede exportar de Occidente a Oriente. Necesita bases para florecer”.