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Marzo 1° de 2008. El Ejército de Colombia asesta el golpe más duro hasta entonces a las Farc al matar a su número dos, Raúl Reyes. La operación, realizada en territorio ecuatoriano, desata una crisis diplomática a tres bandas —Colombia, Venezuela y Ecuador— por la forma de proceder del Ejército de Álvaro Uribe. Un año después, nace el Consejo de Defensa Suramericano.
Este nuevo organismo militar, que se constituye en Santiago de Chile, se concibe como un mecanismo de integración, diálogo y cooperación en materia de defensa de los 12 países que componen la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
La presidencia del organismo será temporal, al igual que la de Unasur. Están previstas una reunión anual de los ministros de Defensa y dos de los viceministros. “Hasta ahora siempre se ha negociado bilateralmente; el Consejo abarcará asuntos de manera multilateral”, explica el ministro de Defensa de Chile, José Goñi.
Unasur no pretende crear una fuerza armada de corte clásico, al estilo de la OTAN. En una parte de la región donde los nacionalismos son tan fuertes y los roces fronterizos tan habituales, sería inviable. Haber superado esos inconvenientes, sin embargo, es uno de los motivos que más entusiasmo han generado, según analistas militares que han seguido de cerca el proceso de gestación del consejo.
Plan de acción
Con esta iniciativa se pretende acabar con algo tan arriesgado y complejo como las tentativas de conflicto y minimizar cualquier fricción entre los países de América del Sur. Hay quien considera que a través de este organismo se puede llegar a perfilar una política de defensa y seguridad conjunta. Hasta lograrlo habrá que seguir una hoja de ruta, un “plan de acción”, según el ministro chileno, que se perfilará en Santiago de Chile.
Reforzar la cooperación militar, coordinar misiones humanitarias y operaciones de paz e incluso la futura creación de un instituto de defensa en Suramérica son algunos de los objetivos. La lucha contra el narcotráfico no está ni estará en la agenda, a menos a corto plazo. “Buscamos la convergencia de intereses. Para algunos países es un tema policial, no militar; no queremos que haya injerencias en la manera de actuar”, justifica Goñi.
Aún así, será una tarea muy complicada. Analistas militares que han asesorado a algunos de los países del nuevo organismo dan fe de que ha sido un año de intensas negociaciones, donde las cancillerías han jugado también un papel clave. No todo el mundo tenía la misma visión de seguridad y estrategia: Venezuela, por ejemplo, cuenta con un perfil militar mucho más acentuado que el de Brasil, a pesar de que cuente con uno de los ejércitos más poderosos de la región.
Aunque es pronto aún para ver si esta iniciativa se estanca y queda en el olvido, como tantas otras que han surgido en América Latina, lo cierto es que el Consejo se ha ganado el voto de confianza de muchos expertos. La principal duda que genera es comprobar si es gobernable un organismo en el que estén implicados 12 ejércitos.
Uno de los temas que más problemas podría causar es la propuesta de revelar los gastos militares de cada país. Al parecer, nadie quiere dar esos detalles. Pero lo cierto es que el gasto de Latinoamérica y el Caribe en defensa creció un 91%, entre 2003 y 2008, según el Instituto de Estudios Estratégicos con sede en Londres.