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El futbolista mexicano Alan Pulido aprovechó un descuido de sus captores y llamó a la línea de emergencia para notificar que había sido secuestrado. También tuvo la suerte de ser célebre (juega en la liga griega y es delantero de la selección nacional): en breve, las autoridades mexicanas actuaron y lo rescataron en una casa de Ciudad Victoria, en Tamaulipas. Estuvo secuestrado 24 horas, su caso sonó en todos los medios y capturaron a uno de sus presuntos carceleros. Tuvo la suerte que les ha sido vedada a cientos de mexicanos que son secuestrados y extorsionados sin que los medios se enteren ni las autoridades alienten su rescate.
Su caso no es extraordinario: según la organización mexicana Consejo para la Ley y los Derechos Humanos, en ese país hay 600 secuestros al día. Los raptos son breves, entre 24 horas y 7 días, y en el 80 % de los casos no son denunciados ante las autoridades por temor a represalias y a nuevos secuestros. Es un arma que los carteles están utilizando para diversificar sus negocios: la tendencia de hace unas décadas era tomar presos a grandes empresarios. Pero ahora, de acuerdo con Insight Crime, los ciudadanos del común sufren también los rigores de la extorsión y el secuestro.
Las cifras oficiales, reportadas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), son mucho más entusiastas: en los diez primeros meses de 2015 ocurrieron 1.064 secuestros. Visto así, hubo una disminución del 32,4 % con respecto a 2014, cuando hubo 1.619. Las extorsiones también se redujeron 17 %. Sin embargo, la exactitud de esas mediciones es cuestionable. Una encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), encontró que el 98 % de los casos de secuestro nunca son reportados a las autoridades, de modo que son invisibles para las estadísticas oficiales. De ser así, la cifra de 1.064 secuestros señala apenas un 2 % de los secuestros reales en México.
Los aproximados del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos son exorbitantes: en su informe, la organización señala que hubo 32.120 casos en 2014 y que la tendencia se mantuvo en 2015. Los carteles asesinan a seis de cada diez víctimas y prefieren secuestros cortos, con montos exigente pero no astronómicos, que les permiten sobrevivir día a día junto con las extorsiones y la distribución de drogas.
Tamaulipas, donde Pulido fue secuestrado, es uno de los estados con cifras de secuestro más altas, según estimados del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal: 40 de cada 100.000 habitantes resultan en manos de los carteles con fines extorsivos. En ese estado se han registrado cerca de 11.000 desapariciones, una suma importante dado que el total nacional es de 26.000 desde 2006. Morelos, tabasco, Guerrero y Veracruz son los estados que siguen en la lista.
En Tamaulipas son comunes, a la vista de las autoridades e incluso con su participación, los “levantones”: la retención masiva de jóvenes en las carreteras para secuestrarlos o para obligarlos a formar parte de los carteles. Son comunes, también, las extorsiones a pequeños empresarios; quien decida no pagar, puede ser secuestrado. Ha habido casos en que toda una familia ha sido raptada en distintos períodos.
En el país habría cerca de 850 bandas de secuestradores. En el 80 % de los raptos participan policías. Cuando las familias acuden en su ayuda, los policías cobran por sus servicios y, al mismo tiempo, proporcionan seguridad tecnológica y física a los secuestradores.