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Puede afectar a mujeres y niñas en cualquier momento de su vida, desde el feticidio femenino, y el acceso inadecuado a la educación y la nutrición, hasta el matrimonio infantil, el incesto y los llamados «asesinatos por honor». Puede tomar la forma de la dote, con los asesinatos relacionados a ella o la violencia intrafamiliar, la violación (incluyendo la violación conyugal), la explotación y el abuso sexual, la trata y tráfico de personas, o el abandono y el ostracismo de las viudas. Una de cada tres mujeres en todo el mundo sufrirá algún tipo de violencia de género a lo largo de su vida. En algunos países ese número alcanza a una cifra tan elevada como el 70 por ciento.
Este año, nuevamente celebramos los «16 Días de Activismo contra la Violencia de Género», que comienzan el 25 de noviembre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y concluyen el 10 de diciembre con el Día Internacional de los Derechos Humanos. Está claro que la comunidad internacional debe ofrecer más que palabras para responder al llamado de liberar a mujeres y niñas de la violencia. Ya sea que ocurra a puertas cerradas o como táctica de intimidación pública, ya sea que ocurra en una calle de nuestro barrio o en tierras lejanas, la violencia contra mujeres y niñas nos daña a todos, hombres y mujeres por igual.
Debemos hacer frente a la impunidad que a menudo permite a los perpetradores de los crímenes más atroces quedar libres de rendir cuentas por sus actos. Es necesario corregir el bajo estatus que tienen mujeres y niñas de todo el mundo, que las convierte en personas vulnerables e infravaloradas. Además, debemos apoyar la inclusión de hombres y niños en la tarea de enfrentar y prevenir la violencia de género y cambiar las actitudes, como también aumentar la responsabilidad y el compromiso de líderes de la comunidad y el gobierno sobre este tema y destacar y promover programas eficaces que ya se encuentran funcionando con éxito.
Estos 16 días son un recordatorio aleccionador de que la violencia de género no puede ser tratada como una cuestión de la mujer, sino que es un profundo desafío para el mundo entero. La violencia de género no es sólo una afrenta a los derechos y a la dignidad de los seres humanos, sino que también tiene un impacto negativo sobre el bienestar de nuestras comunidades. Cuando mujeres y niñas son abusadas, los negocios cierran, los ingresos se reducen, las familias pasan hambre y los niños crecen internalizando los comportamientos que perpetúan el ciclo de violencia. No hay fin a los perniciosos costos económicos, sociales y de salud que vienen junto con la brutalidad.
Estos daños se transmiten al resto de la comunidad ya que los servicios de salud, judiciales y de seguridad sufren una sobredemanda. La violencia actúa como un cáncer en la sociedad, causando una enorme conmoción en el progreso del desarrollo social y económico. Más allá del dolor y sufrimiento individual, la violencia en razón de género tiene una serie de efectos económicos a nivel nacional, tales como la pérdida de la inversión extranjera y la disminución de la confianza en las instituciones de un país.
Ningún país o región del mundo es inmune a estos costos. Un estudio realizado en 1995 en Canadá estimó que el precio anual directo de la violencia contra la mujer superó los mil millones de dólares por año en costos judiciales, policiales y de orientación. Un estudio de 2004 en el Reino Unido estableció que los costos totales directos e indirectos de la violencia doméstica alcanzaron los 23 millones de libras por año, equivalentes a 440 libras por persona.
Y en Estados Unidos, el costo de la violencia contra la mujer sobrepasa los 5.8 mil millones de dólares por año. Otros $US 4.1 mil millones se gastan directamente en servicios médicos y de salud, con pérdidas en la productividad que representan otros $US 1,8 mil millones.
En Colombia, la violencia contra la mujer no ha sido cuantificada pero sin duda el costo es igualmente enorme. El agravante adicional en este país es el conflicto armado, pues además de la muerte, violencia y desplazamiento propios del mismo, las mujeres son vulnerables a los delitos sexuales. Con ocasión de la Semana por la Memoria, el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) publicó un informe sobre la violencia contra las mujeres en el marco del conflicto armado. Dicho informe da cuenta de la violencia y explotación sexual de las que fueron víctimas cientos de mujeres a manos de grupos al margen de la ley.
A pesar de los aspectos negativos de la violencia contra la mujer en Colombia, el país también ha sido protagonista de las acciones encaminadas a erradicar este flagelo. Hace 30 años, durante el primer encuentro Feminista para Latinoamérica y el Caribe, se acordó en Colombia que el día 25 de Noviembre sería en adelante el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la mujer.
Esta campaña de 16 días ofrece una oportunidad para renovar el compromiso de liberar a mujeres y niñas de la pesadilla de la violencia. Los países no pueden progresar cuando la mitad de sus poblaciones se encuentran marginadas y maltratadas, y son objeto de discriminación.
Como señaló recientemente la Secretaria Clinton, «Invertir en el potencial de las mujeres y niñas del mundo es una de las maneras más seguras de lograr el progreso económico global, la estabilidad política y una mayor prosperidad para mujeres y los hombres en todo el mundo».