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Sin esperanzas de lograr la paz en Siria

Voces de la oposición dicen que no tienen muchas expectativas frente a la conferencia que busca encontrar una salida a la guerra que el país árabe vive desde hace tres años.

Dos refugiados sirios piden limosna en las calles de Estambul. Millones han huido de la guerra. / AFP
Dos refugiados sirios piden limosna en las calles de Estambul. Millones han huido de la guerra. / AFP
Foto: AFP - BULENT KILIC

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Tras la tensiones que se vivieron el lunes por la invitación fallida de Naciones Unidas a Irán para que participara en la conferencia de paz de Siria, llamada Ginebra II, hoy se sientan frente a frente por primera vez en Montreux, Suiza, delegados del gobierno de Bashar al Asad y de la oposición para discutir el acuerdo pactado en Ginebra I (junio de 2012) sobre la conformación de un gobierno de transición.

Hace apenas cuatro días la oposición aceptó participar en la conferencia y hace dos días habló de cancelar si Irán tomaba asiento en la cumbre. Ante esta amenaza y la presión de Estados Unidos, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, le canceló la invitación a Irán, lo que fue calificado por el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, como un “error”. Acto seguido, sin embargo, matizó sus declaraciones y dijo que tampoco era una “catástrofe”. Así que, sin delegados de uno de los principales aliados militares de Siria, se confirmó la conferencia.

Lo que pareciera un gran logro, luego de casi tres años de guerra en Siria, genera un optimismo relativo entre las partes, pues tanto la oposición como el régimen han expresado públicamente en los últimos días posiciones completamente opuestas. El presidente Al Asad se aferra al poder y descarta hablar sobre una eventual transición, y la oposición señala que no va a aceptar un acuerdo que implique la continuidad del presidente en el poder.

Danny al Baaj, exdiplomático sirio exiliado en Ginebra y ahora delegado de la oposición para esta conferencia, dijo en diálogo con El Espectador que “la oposición no guarda esperanzas frente a la conferencia, pero es optimista sobre la oportunidad que se abre de lograr la estabilidad en Siria”. Agregó que el objetivo de la reunión es discutir la conformación de un gobierno de transición y, si esto fracasa, se trataría del fracaso de Ginebra I. “Eso sería un retroceso para la oposición siria, pero también para las Naciones Unidas y todos los estados que respaldaron ese acuerdo. La parte responsable del fracaso de la conferencia tendría que rendir cuentas”, añadió. Se refiere al régimen de Al Asad, quien en diálogo con los medios el pasado domingo dijo nuevamente que no dejará el poder y está dispuesto a ir a las elecciones del próximo junio.

Por su parte, Basam Abdullah, embajador de la Coalición Nacional Siria (CNFROS) en Alemania, indicó que durante la conferencia no sólo se debe hablar de la transferencia del poder político sino también de los demás estamentos de poder, como las fuerzas militares y de inteligencia. Abdullah confía en que, aunque Al Asad haya dicho que no discutirá sobre el traspaso de poder, terminará haciéndolo. “Sabemos que Al Asad está pegado al poder y no va perder su posición voluntariamente. Pero estamos seguros de que la presión internacional jugará un gran papel y lo hará cambiar de opinión. Todo lo que él diga antes está dentro del marco de su propaganda, porque sabe que si da un pequeño paso atrás antes de la conferencia, el Gobierno colapsaría y sus seguidores verían a un presidente rendido. Además, este gobierno es responsable de muchas masacres y crímenes de lesa humanidad en Siria. Si antes de una conferencia internacional Al Asad muestra señales de dimisión, eso tendría grandes consecuencias para su régimen. Es claro que está aceptando lo acordado en Ginebra I, de lo contrario no participaría a la conferencia”, argumenta el diplomático.

¿Transición del poder?

A unas horas de la reunión aún no está claro si efectivamente se podrá discutir sobre un acuerdo para conformar un gobierno de transición o si se intentará llegar a convenios sobre la lucha contra el terrorismo, como pretende el presidente Al Asad.

Un funcionario de Naciones Unidas, que pidió la reserva de su identidad, le dijo a este diario que la conferencia de Ginebra representa un desafío muy grande que podría fracasar si las partes se mantienen en sus posiciones. “Si somos realistas y contamos con un poco de suerte, podrían salir pequeñas treguas y acuerdos de acceso humanitario. Eso sería importante para la oposición que está bajo la presión de grupos rebeldes que critican su participación en la conferencia en medio de la crisis humanitaria que vive Siria. Pero si la delegación de la oposición no puede lograr rápido pequeños acuerdos, va a ser muy difícil mantener el apoyo de los combatientes rebeldes y algunos grupos van a condenarlos y tildarlos de traidores”, señaló el funcionario.

Por otro lado destacó que Rusia y Estados Unidos se han mostrado muy “serios y constructivos” frente al proceso, lo que ha presionado a las partes a sentarse a la mesa y “eso ya es un gran avance”.

Lucha contra el terrorismo

Lo cierto es que la Siria de hoy es muy distinta a la de Ginebra I y, según coinciden los participantes, lo más urgente es parar el baño de sangre que ha dejado 130.000 muertos en tres años, de acuerdo con organizaciones de derechos humanos. Hoy en día el balance de fuerzas ha cambiado a favor de Al Asad. Las tropas del Gobierno han logrado recuperar territorios y se han fortalecido militarmente.

Entre tanto, aunque el Ejército Libre de Siria (ELS), brazo armado de la oposición, ha contado con el respaldo armamentístico de Arabia Saudita, además de recibir equipos no letales por parte de Estados Unidos, se ha visto estigmatizado porque a su lucha se han sumado algunos grupos yihadistas foráneos, entre ellos Al Qaeda. Por esta razón, el grupo de países amigos de Siria se abstuvo de brindarles apoyo militar por temor a que llegue material bélico a los grupos terroristas, quienes incluso ya sostienen luchas contra el propio ELS. Esa presencia de combatientes islamistas radicales le ha hecho perder a la revolución su carácter inicial pacífico y secular.

Si bien ahora los dos principales padrinos, tanto de la oposición como del régimen —Estados Unidos y Rusia—, tienen un enemigo común: los grupos terroristas, el presidente Al Asad también estaría utilizando el argumento de la lucha contra el terrorismo para mantener su mano dura y consolidarse como la solución al avance de esos grupos. Miembros de la oposición señalan que la estrategia del presidente fue dejar crecer a los islamistas radicales y por eso habría puesto en libertad en 2011 a rebeldes islámicos presos para que se sumaran a la revolución. Con islamistas armados era más fácil desacreditar la revolución y justificar el uso de la fuerza.

A la cita, promovida por los gobiernos de Estados Unidos y Rusia, también asisten delegados de más de 40 estados interesados en el futuro del país, representantes de la Unión Europea, la organización de estados islámicos, la Liga Árabe y las Naciones Unidas.

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