Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La violencia no cesa en Grecia. Miles de personas salieron de nuevo a las calles de Atenas para protestar contra el gobierno y expresar su malestar por la muerte de un adolescente por disparos de la policía el pasado 6 de diciembre. En la jornada número 13 de manifestaciones, la marcha coincidió con una protesta de funcionarios civiles contra los nuevos presupuestos del Ejecutivo griego.
A este grupo se le unieron un colectivo del Partido Comunista (KKE) que marchaba hacia al Parlamento y los sindicatos de profesores y estudiantes que también tienen sus propias quejas. En total, unas 7.000 personas se tomaron la capital griega. Y aunque los últimos días han sido muy intensos, el día de ayer el pánico se apoderó de la ciudad. Algunos de los participantes lanzaron bombas incendiarias y los agentes intentaron disolver los disturbios con gas lacrimógeno. Un adolescente resultó herido por un disparo, lo cual desató de nuevo el caos en el país.
Ni los controladores aéreos se han escapado de la jornada de protestas. El paro en el que se encuentra Atenas provocó la cancelación de 32 vuelos, mientras que otros 61 tuvieron que ser modificados. En Salónica (norte de Grecia) también se celebraron dos manifestaciones pacíficas convocadas por funcionarios locales y sindicatos de docentes.
Estudiantes de secundaria y profesores de Hania, en la isla de Creta, se concentraron de forma pacífica en el centro de la ciudad. Más de 700 colegios de educación secundaria están ocupados o cerrados desde hace trece días. Asimismo, la mayoría de las facultades en las universidades griegas continúa ocupada por los alumnos.
La razón de la sinrazón
¿Por qué las manifestaciones se han extendido durante tanto tiempo? Según escribió Miguel Ángel Bastenier en una columna del diario El País, de España, “se trata de una protesta protagonizada por jóvenes de respetable procedencia, que deberían estar próximos a integrarse en el mercado de trabajo y no saben cómo hacerlo, y de los que precariamente ya lo están, y se sienten profundamente insatisfechos”.
Javier Grynblat, politólogo y sociólogo argentino, explica que la muerte del joven de 16 años fue el catalizador de las pocas expectativas que tiene la juventud griega en el futuro. “No tienen oportunidades, el gobierno no les responde, las instituciones tampoco. Es una marcha de inconformidad y miedo”, explicó.
El ministro del Interior, Prokopis Pavlopulos, prometió un rápido esclarecimiento de los hechos y llamó a la calma. Pero los jóvenes quieren respuestas.