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Sobrevivir en la línea de fuego

Testigos en Gaza contaron cómo es un día en medio de la guerra. No paran las bombas. Israel vive a diario, desde hace ocho años, ataques de cohetes. Los niños y las mujeres son las principales víctimas de ambos bandos. No hay fin a la vista.

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Desespero. Angustia. Miedo. Dolor. Éstas son las palabras que describen la situación que viven miles de personas en la Franja de Gaza. Desde el 27 de diciembre, cuando comenzó la operación israelí “Fuego fundido”, no ha pasado una sola noche en que no caigan bombas sobre la ciudad.

Según testigos de primera mano en la ciudad contactados vía telefónica por El Espectador, los daños provocados por la invasión israelí son “enormes”. Los tanques y tropas avanzan dejando atrás carreteras repletas de boquetes y calles llenas de escombros.

“No hay servicios públicos, ni agua, ni electricidad, ni pan, ni alimentos esenciales. No funcionan los teléfonos, la vida está paralizada, nadie trabaja, faltan medicinas; ¿qué más hace falta para reconocer que hay un desastre humanitario?”, aseguró a la agencia Efe por teléfono desde Gaza el portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), Hayat Abu Shamaleh.

Muchos han logrado sobrevivir de milagro, pues las bombas han caído a pocos metros de ellos. El número de muertos crece con el paso de las horas. Ayer un ataque sobre una escuela de la ONU mató a más de 30 personas elevando el número de muertos a casi 600. Los heridos ya llegan a 3.000. Testigos de primera mano de la situación relatan el infierno.

“Están acabando con todo”

La primera vez que El Espectador logró contactar a Eva Bartlett, miembro de la ONG Movimiento Internacional de Solidaridad, la llamada se cortó súbitamente. Tres horas después, Eva explicó por qué.

“Estoy en ciudad de Gaza. Después de darle una entrevista a una cadena árabe, lo atendí a usted. Fue entonces cuando una bomba sacudió todo el edificio y naturalmente debí colgarle para poder escapar con vida. Nos bombardearon porque la prensa árabe estaba en el edificio.

Pero bombardean de todo. El ejército israelí es despiadado y sin misericordia. Sus bombardeos aéreos y su artillería no discriminan. En Gaza hay un millón y medio de personas, de las cuales la mitad son niños. Es decir, ¡con sus bombardeos indiscriminados automáticamente están atacando niños!

Yo vine a Gaza por la crisis humanitaria hace dos meses. No me imaginaba esto, pero me quedé para comunicar lo que veo, pues no permiten prensa. Los israelíes les disparan a paramédicos y ambulancias, así que me presté para viajar en ellas y hacerles saber que, bajo la Convención de Ginebra, es obligatorio darle acceso al personal médico a heridos.

Pero eso no ocurre. Este martes mataron a uno de los paramédicos con los que viajaba. Él intentó ayudar a dos civiles heridos, pero fue asesinado por un tanque israelí. También vi cómo un hombre intentaba ayudar a otro, cuando una bala de francotirador hizo explotar su cabeza. Los paramédicos lograron subir al sobreviviente en una ambulancia, pero un tanque inmediatamente le disparó, matando a un enfermero y al herido, mientras el otro está hospitalizado con metal incrustado en su interior. Para rematar, bombardearon durante el funeral. Estos ataques no son selectivos. Eso es una gran mentira”.

“¡Hostia, ahora están atacando a menos de cincuenta metros del hospital!”

Alberto Arce, realizador de documentales, es el último español que queda en la zona y se encuentra en el campo de refugiados de Yabaliya, en el hospital Al-Awda, ayudando a la Cruz Roja.

“Es el tercer centro de ambulancias al que llegamos, pues los otros dos han sido atacados por artillería pesada, tanques Merkava. El 80% de los servicios  de ambulancia son impedidos por el ejército israelí. Les están disparando a las ambulancias con esos tanques.

¡Hostia, ahora están atacando con artillería a menos de cincuenta metros del hospital! Pero llevamos así todo el día. Hay 27 heridos en el centro médico que recogimos en las últimas 24 horas. Los fallecidos no entran al hospital,  hay más o menos 87, pero en cifras, yo fallo.

Vi que hoy, por ejemplo, a las 12:45 de la mañana, impactaron en apenas tres minutos dos misiles de un avión, entre el generador que le provee electricidad al hospital y el edificio de medicamentos. Estamos bien de doctores, pero no hay suministros, desde hace 20 meses no entra lo que necesitamos.

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Los francotiradores disparan sin ningún temor contra las ambulancias. En tres ocasiones, estando yo adentro de un carro médico, los francotiradores nos dispararon. Un misil que cayó en el patio del hospital explotó a ocho metros de mí. No entiendo cómo no me ha pasado nada”.

“Vi cómo dos niñas se quemaban vivas”

Nataly Anchakra está en la Ciudad de Gaza. Es una mujer libanesa que trabaja con el Movimiento Internacional por laSolidaridad y, sin luz o agua, habló con este diario.

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“Deme un minuto mientras prendo una vela para hablar con usted. La situación es desastrosa. Hay bombas por todos lados, hoy cayó una justo en frente de mi casa. La primera también, ya que es el Complejo de Seguridad Preventiva, pero detrás hay un colegio. Después de esa primera bomba vi cómo dos niñas se quemaban vivas.

 Pero cuando cae una bomba no podemos ayudar inmediatamente porque los israelíes esperan a que nos agrupemos para bombardear de nuevo y matar más gente. Una mentira de los medios es que atacan policías, pero se trata de adolecentes entrenando para ser policías de tránsito.

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No he visto tropas o tanques isrealíes, pero sé que ya vienen para acá. Yo estoy sola en mi casa pues no logré irme a los campos de refugiados, pero mis vecinos me quieren porque escribo para medios árabes. Hoy se acabó la comida, así que ellos me dieron pan.

Puedo decir que el espíritu de esta gente es increíble. Van a pelear hasta su último aliento. Las mujeres ya preparan aceite y agua hervidos para arrojarles a los judíos si llegan a venir”.

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“Llevamos ocho años así”

Perla Lerner vive en un Kibutz en Israel, a apenas cuatro kilómetros de la Franja de Gaza. Desde hace ocho años la aterrorizan los misiles de Hamas.

“Mi hija tiene quince años y desde segundo grado su colegio ha sido blanco del grupo terrorista Hamas. Han caído en la clase de mi hija, en el patio del recreo y los últimos cayeron en la cancha de fútbol cuando estaban los niños jugando.

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Demasiadas veces ha sido un milagro que no haya habido muertos. Pero hace dos años perdimos una joven cuando, bajándose del carro para entrar a su casa, un misil cayó directamente sobre su cabeza. Murió instantáneamente a los 20 años.

Hace seis meses iba a recoger a mi hija —estaba dentro del carro— cuando comenzaron a sonar las alarmas que indican la inminencia de un ataque. De repente cayó un misil muy cerca, reventando las ventanas y vidrios de todo el carro. Es un milagro que no nos haya pasado nada.

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Desde que comenzó la crisis, no nos dejan salir de los refugios. Todo está paralizado, estamos en estado de alerta todo el tiempo.

Los medios no muestran nuestro sufrimiento. No muestran a nuestros niños muertos ni las bombas que caen en los colegios. Queremos la paz, el pueblo palestino quiere la paz, pero Hamas no lo permite.

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Llevamos ocho años así. Ocho años continuos de ataques sin nosotros responder. Nunca respondimos. Hasta que llegó un momento donde no se puede vivir más así. Yo creo que ningún país aguantaría que los bombardearan ocho años sin responder”.

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