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El salón principal del Hotel Shamo, en pleno centro de Mogadiscio, capital de Somalia, estaba dispuesto para la graduación de 43 estudiantes de la facultad de Ingeniería y Medicina de la Universidad Benadir. Familiares de los estudiantes comenzaban a ocupar sus lugares, cuando uno de los asistentes activó un cinturón con explosivos que llevaba adherido a su cuerpo. Entonces todo fue caos. “La gente corría desesperada entre los restos de cuerpos que quedaron tirados en el piso. Fue un acto inhumano”, aseguró uno de los trabajadores del hotel.
Cerca de 25 personas murieron, entre ellas el ministro de Salud, Qamar Aden Ali; el de Educación, Ahmed Abdulahi Waayeel, y el de Educación Superior, Ibrahim Hassan Addow. Según las autoridades, este es el peor atentado que se produce en el país desde junio, cuando otro acto terrorista mató a 19 personas.
Desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Siad Barre por los “señores de la guerra”, varios grupos de milicias de grupos tribales se disputan el control del país con los radicales islámicos. “Ya son 18 años de crisis humanitaria, inestabilidad, desplazados internos y refugiados. Ya tenemos la primera generación de somalíes que cumplen la mayoría de edad sin haber vivido un solo año en paz”, explicó Mark Bowden, director de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios en Somalia.
Este país del Cuerno de África es un territorio ingobernable del que huyó Estados Unidos en 1993, luego de lanzar una operación de pacificación que fracasó. Según informes de seguridad, hoy en día Somalia es un centro de entrenamiento de terroristas de Al Qaeda y, además, guarida de narcotraficantes y secuestradores.
El gobierno del presidente Sheikh Sharif Ahmed, contra las cuerdas en su lucha contra rebeldes islámicos y los piratas, según dicen en el país, controla apenas unas calles de la capital. En Haradheere, paraíso pirata, quienes mandan son los corsarios que ya hicieron sociedad con el gobierno local. “El distrito recibe un porcentaje de cada rescate de los barcos que han sido liberados, y eso va para la infraestructura pública, incluido nuestro hospital y escuelas públicas”, explicó Mohammed Adam, subjefe de seguridad de la ciudad.
La situación es desesperante, según Naciones Unidas, la cual advirtió que el verdadero infierno en África no lo vive Darfur (Sudán), como denuncian los organismos humanitarios, sino Somalia, de donde ya han huido un millón y medio de personas.