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Esta semana, Naciones Unidas hizo público el reporte que elaboró luego del ataque con armas químicas realizado en Siria a finales del mes pasado. La conclusión del documento confirma que el gas sarín fue utilizado en el asalto a la localidad de Ghouta, en Damasco.
La investigación realizada por la ONU, sin embargo, no estableció quién fue el responsable directo del ataque, al menos no directamente.
El documento contiene un recuento detallado, hasta cierto nivel, de la evidencia recolectada por los investigadores; evidencia que no sólo confirmó la presencia de rastros de gas sarín en más del 80% de las muestras de sangre tomadas en Ghouta, sino que ofrece información acerca de los mecanismos con los que fue dispersada la sustancia.
Estos mecanismos fueron cohetes de dos tipos que por su grado de sofisticación, en temas como baterías de lanzamiento y costo, no se cree que estén en manos de los grupos rebeldes. Además de esto, algunos de los proyectiles encontrados, según el reporte, contienen marcas en alfabeto cirílico, usado en lenguas como el ruso.
Los investigadores de la ONU lograron establecer la trayectoria recorrida por los proyectiles en términos de grados de inclinación, lo que a su vez puede ayudar a establecer el lugar de lanzamiento. El documento, sin embargo, no explora este camino.
De acuerdo con un documento publicado por Human Rights Watch, firmado por un analista de imágenes satelitales de esta organización, la información proveída por los inspectores de la ONU podría indicar que los proyectiles cargados con gas sarín fueron lanzados desde una base militar ubicada cerca del palacio presidencial de Bashar al Asad, en donde están acuarteladas unidades élite de las fuerzas sirias.
La interpretación de esta investigación del informe de la ONU incluye algunas especificaciones técnicas acerca de uno de los tipos de cohetes utilizados en el ataque para señalar que, con la trayectoria propuesta y la autonomía de vuelo del dispositivo, es altamente probable que haya sido disparado desde una base militar del régimen de Al Asad.
La información fue corroborada por una investigación realizada por el diario ‘The New York Times’, que asegura que, de forma independiente, llegó a la misma conclusión alcanzada por Human Rights Watch. Esta organización humanitaria, sin embargo, advierte que la información disponible no es infalible ni constituye plena prueba de que Al Asad lanzó el ataque, aunque sí ofrece pistas sugerentes.
El informe de la ONU fue duramente criticado por Rusia, que lo calificó de sesgado e incompleto, en medio del segundo día de negociaciones en el Consejo de Seguridad de esta organización para lograr redactar una resolución que le dé piso legal al acuerdo logrado para desmantelar el arsenal químico de Al Asad. Uno de los mayores obstáculos para lograr esta tarea es que la resolución del organismo debe incluir el uso de fuerza en caso de que el régimen sirio no cumpla con lo acordado, una postura a la que Rusia (país con poder de veto en el Consejo) continúa oponiéndose.
El plan acordado por Estados Unidos y Rusia incluye la destrucción del arsenal químico de Siria (el tercero más grande del mundo, con 1.000 toneladas de sustancias tóxicas en su haber) para la primera mitad del próximo año, una tarea que, al parecer, nunca ha sido intentada en esta escala en tan poco tiempo, más aún durante una guerra civil en la que no habría cese al fuego para permitir la intervención de inspectores de armas internacionales.