Publicidad

Túnez, de nuevo a la calle

Las protestas de los tunecinos ponen en evidencia los fracasos del gobierno posrevolucionario y sus métodos represivos.

Dos años después del estallido popular en las calles de Túnez, el inconformismo vuelve a aflorar.  / EFE
Dos años después del estallido popular en las calles de Túnez, el inconformismo vuelve a aflorar. / EFE

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El primer país donde las revueltas árabes dieron sus frutos fue Túnez. Allí, hace poco más de dos años, cayó el gobierno de Ben Alí, producto de las movilizaciones de una sociedad acosada por el desempleo y el autoritarismo. En 2010, el detonante fue el suicidio de un joven desempleado y vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi; hoy es el asesinato del opositor de izquierda Shokri Belaid, líder del Frente Popular, una coalición política de doce partidos. En ambos casos, la respuesta popular se hace sentir, con llamados a una huelga general.

Las tensiones en Túnez repiten lo que vive Egipto: choques entre propuestas políticas laicas y propuestas islamistas. La inmensa mayoría de tunecinos son musulmanes (98%), pero no por ello fundamentalistas. Los islamistas radicales, como en el caso de Malí, han tratado de controlar la vida cotidiana tunecina, yendo desde la destrucción de monumentos hasta la imposición de la forma de vestir a las mujeres.

El asesinato de Belaid, paradójicamente, es una acción que raya en lo suicida, porque generó la caída del gobierno islamista —liderado por el partido Ennahda— y un mayor apoyo popular a propuestas más laicas. De hecho, Belaid había condenado la pasividad del Gobierno frente a la violencia de grupos salafistas, que parecen ser los responsables del crimen.

La legitimidad perdida con el crimen de Belaid buscaría ser recuperada con un nuevo proceso electoral y un nuevo gobierno de tecnócratas, tal como lo anunció el primer ministro Hamadi Jebali; pero los islamistas rechazaron estos cambios y se aferran al poder en Túnez, como los Hermanos Musulmanes en Egipto. En todo caso, dichas medidas no serán suficientes si el Estado no planta cara a los grupos radicales, pues la simple condena del crimen hecha por el partido en el poder no calmó los ánimos.

En Túnez, el movimiento obrero es uno de los más fuertes de la región. Los choques entre sindicalistas y miembros del partido de gobierno recuerdan enfrentamientos en otras sociedades polarizadas, como Yemen, Siria y ahora Egipto. Al igual que en el caso egipcio, los fracasos del gobierno posrevolucionario en Túnez, y sus métodos represivos, llevan a comparaciones odiosas con el gobierno dictatorial depuesto en 2011. Así las cosas, la unidad de la oposición sobre un programa común se impone como una necesidad.

La primera fase de las revueltas árabes buscó tumbar los regímenes autoritarios de Túnez, Libia, Egipto y Yemen, siendo Siria el caso pendiente. Una segunda fase buscaría la definición entre un modelo más laico de gobierno y las invocaciones salafistas a una interpretación radical del islam. Sin esta segunda fase, la esperanza de una democracia árabe otra vez quedaría aplazada.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido