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La última filtración de documentos secretos del Departamento de Estado, revelada por el portal web Wikileaks, fundado por él en 2006, ha dado una bofetada a la diplomacia estadounidense, mostrando frases incómodas sobre gobernantes del mundo e incluso evidenciando una intención de espiar a funcionarios de la ONU.
Assange no se ha preocupado por ser un hombre público. Después de cada filtración, que levanta polvo hasta el escándalo, aparece su imagen misteriosa, ofreciendo una rueda de prensa en algún lugar de Europa o en una entrevista con un medio influyente.
Tiene 39 años, cambia constantemente de domicilio junto con su equipo de trabajo y sus comunicaciones telefónicas y por correo electrónico están encriptadas. Se justifica respondiendo que se enfrenta a organizaciones que no obedecen reglas. “Estamos ante agencias de inteligencia”.
En sus épocas de adolescente, Assange fue detenido en Australia, su país de nacimiento, acusado de ser un pirata informático. Sus padres pertenecían a una organización teatral que los obligaba a estar en constante movimiento por varios lugares, un factor que contribuyó a que en total haya pasado por 37 colegios y seis universidades. Desde hace tiempo se acostumbró a ser un nómada, pero con los años se convertiría en consejero de seguridad, fundador de una compañía de servicios informáticos, asesor tecnológico y periodista.
En este momento sobre el nombre de Julian Assange pesa una orden de arresto en Suecia. Una mujer lo acusó de delitos sexuales. Él se defendió desde Londres diciendo que se trata de una conspiración de Estados Unidos para callar a Wikileaks. A pesar de todo, según sus palabras, su misión continuará siendo la de “defender con total transparencia la libertad de información”.