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Una hermana de la víctima, de seis años, se encontraba dentro de la casa en el momento del crimen. Los Mossos d’Esquadra detuvieron al hombre y le condujeron al piso, situado en el número ocho de la calle Oviedo, para reconstruir el crimen. Fue él quien llamó a los servicios de emergencias, alrededor de las 12:15.
Brenda Núñez, vecina de la familia, escuchó al presunto parricida gritar: “¡El diablo está aquí!”, poco antes de la llegada de los Mossos d’Esquadra a la vivienda, situada en el barrio de Sant Narcís, una zona con elevada presencia de latinoamericanos. “Lo oí gritar durante un rato y luego se calmó”, explicó Núñez. “Lo sacaron del piso entre unos seis policías, él iba forcejeando y luego le pusieron una inyección para que se calmara”, dijo la vecina.
Cuando el presunto asesino era trasladado a la comisaría, las personas congregadas frente a la vivienda comenzaron a increparle y llamarle “asesino”. Poco después la comitiva judicial realizaba el levantamiento del cadáver. La misma vecina que escuchó al asesino gritar desde el balcón sostiene que él no estaba en plenas facultades mentales. “Lo he visto varias veces salir desnudo al balcón y gritando”, explicó. “Este hombre no estaba bien”.
El presunto asesino vivía con sus dos hijas y su mujer, que no se encontraba en la vivienda en el momento del crimen, según fuentes de la investigación. Una vecina del mismo bloque explicó que la mujer, también latinoamericana, trabaja en el sector sanitario y que el hombre es “quien cuidaba de las niñas y las iba a buscar al colegio”, explicó esta mujer, que prefirió no dar su nombre.