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Egipto es un país en gresca. De un año para acá, los disturbios parecen formar parte de la cotidianidad del país, como las vías abarrotadas de carros maltrechos, las mercerías o la enorme afluencia de gente en la Plaza Tahrir del centro de El Cairo. Allí se gestó el movimiento popular que tras semanas de enfrentamientos con las fuerzas oficiales logró sacar del poder a Hosni Mubarak —duró 42 años en la presidencia— y abrió la puerta para que una Junta Militar gobernara transitoriamente. Pero Egipto siguió en gresca, porque los militares no han dado grandes resultados a un pueblo con la paciencia agotada.
En las calles todavía se critican los vestigios de Mubarak dentro del grupo gobernante y en esas mismas calles los taxistas a menudo preguntan a sus pasajeros a qué equipo siguen en la liga de fútbol. Es una pregunta común, como escribió Javier Martín, hoy redactor jefe de la agencia de noticias EFE, tras 12 años de corresponsalía en El Cairo. La respuesta “puede hacer que tu viaje termine paladeando un azucarado café con un nuevo amigo o que te bajen en la siguiente esquina y te tripliquen el precio de la carrera”.
Antes de que ocurriera la tragedia en el estadio de Port Said, no era un secreto que en Egipto el fútbol se vive desde las vísceras, que las peleas forman parte de la ‘normalidad’ de la competencia. Sin embargo, cuando un partido de fútbol entre el Al Masry y el Al Ahly deja 73 muertos y más de 500 heridos, la normalidad deja de existir y las preguntas exigen explicaciones.
Los Hermanos Musulmanes, el grupo que obtuvo la mayoría del Congreso en las elecciones, ahora creen que todo fue planeado por las fuerzas fieles a Mubarak, sólo para dar la sensación de que el país está fuera de control. Mientras en El Cairo los hinchas del Al Ahly salían a protestar por la muerte de sus compañeros y 200 resultaban heridos en choques con la autoridad, la hermandad se preguntaba por qué. ¿Por qué se permitió a los seguidores del Masry entrar con cuchillos al estadio? ¿Por qué los propios hinchas del equipo local dicen haber visto fans que jamás habían visto? ¿Por qué la presencia policial era tan escasa y por qué no mostraron determinación para proteger a los visitantes cuando el las tribunas se les iban encima?
“La culpa es de los soldados. Había decenas de ellos y de policías. Desaparecieron todos. Era un caos completo”, relató el técnico portugués del Al Ahly, Miguel José. Eran alrededor de 13.000 mil personas las que se encontraban en el estadio de Port Said, sólo una tribuna dispuesta para los visitantes y toda una mayoría que al final del partido (3-1 a favor de los locales) comenzó a cercarlos y a atacarlos como si se tratara de un linchamiento colectivo.
Si el partido terminó con victoria para el local, ¿por qué los mismo locales iniciaron la violencia?, se siguieron preguntando los Hermanos Musulmanes, que acusaron venganza: el Al Ahly es el equipo más popular de Egipto, lo adoran las mayorías y las mayorías, muchas veces con la camisa del equipo puesta, se enfrentaron hasta el cansancio con las autoridades durante la revolución. Los ‘ultras’ (barras bravas) del equipo se habían entrenado por años en las grescas del fútbol y fueron lo que se podría llamar la primera línea de batalla contra policías y soldados de un régimen agonizante. Entonces todo podría ser una cuenta pendiente con la “mano negra”, que no quiere que se restablezca el orden, dice la hermandad.
El argentino Óscar Elizondo, miembro del cuerpo técnico del Al Ahly, en diálogo con Caracol Radio, aseguró que en particular este partido estaba en un nivel de tensión alarmante, con pancartas y cantos que anunciaban el asesinato de sus rivales. “Al parecer la rivalidad entre los dos equipos data desde la guerra de Egipto con Israel, cuando por razones de seguridad, el Al Masry pidió al Al Ahly entrenar en El Cairo. Un pedido que fue negado”, apuntó Elizondo.
En momentos en los que la revolución egipcia cumple su primer año de vida, embebida en los problemas que todavía no encuentran solución, el fútbol se salió de las manos, de los pies, de los campos de juego. La Junta Militar suspendió la Liga Nacional al conocer los resultados del desastre y, en respuesta, la hinchada del Zamalek, que se iba a enfrentar al Ismailiya, prendió fuego a un sector del estadio. Ellos querían ver fútbol.
Las tragedias del fútbol
El mayor número de muertes que se registra en la historia reciente, producto de un partido de fútbol, ocurrió el 20 de octubre de 1982. En la capital de la entonces Unión Soviética, el Spartak de Moscú se enfrentaba al Haarlem de Holanda en un juego por la Copa Europea. Un gol tardío del equipo visitante produjo la reacción violenta de la hinchada local: 340 personas fallecieron. En América, el episodio más grave ocurrió en Lima, el 24 de mayo de 1964 durante un torneo preolímpico. Un gol anulado a la selección de Perú, que se enfrentaba a Argentina, provocó desórdenes que al final dejaron 318 muertos.