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No es la primera vez que una enfermedad obliga a las instituciones educativas a reinventarse. En las primeras dos décadas del siglo XX, por ejemplo, distintos países vivieron un auge de las escuelas al aire libre, las cuales estaban diseñadas para prevenir el aumento de casos de tuberculosis. El aire fresco y la ventilación, en aquel caso, contribuían a mejorar la salud y combatir la enfermedad.
Alemania y Bélgica fueron las pioneras de este modelo en el mundo, mientras que Uruguay lo fue en esta región. En 1913 se inauguró en Montevideo la primera escuela al aire libre por iniciativa de la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis, la cual inició una fructífera red de educación en el país. Hoy, más de un siglo después, las condiciones son muy diferentes a las de esa época. La urgencia no es la educación en el exterior, sino en interiores. Sin embargo, hay algo que no cambió: Uruguay continúa siendo un ejemplo para todos.
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La pandemia de coronavirus obligó a todas las naciones de América Latina a adelantar labores en una asignatura pendiente: la educación virtual. Los ministerios de Educación de la región ahora trabajan a toda máquina para establecer programas de educación en línea. Con ello, se puede pensar en este lado del continente como un gran salón de clases, en donde los gobiernos son los estudiantes y, como en una escuela de verdad, los hay de todo tipo: el que copia la tarea, el entusiasta, el problemático, el que deja todo para última hora y, por supuesto, el aplicado.
Uruguay es nuestro estudiante aplicado, el que hizo la tarea el día que el profesor la dejó. Desde 2007 los uruguayos han adelantado una iniciativa de inclusión tecnológica para permitir y promover la enseñanza fuera de las aulas, lo que los ha dejado muy preparados para enfrentar la situación actual. Esta iniciativa lleva el nombre de Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea, o Plan Ceibal, y se convirtió no solo en una política de educación respetada en el continente, sino alabada en todos los lugares del mundo. Se basa en la entrega de dispositivos tecnológicos a los estudiantes de entre 4 y 15 años para “democratizar el acceso a la educación”.
“Es posible que estemos en una posición más ventajosa que otros países de la región para afrontar este momento. La característica que distingue al programa es que contempla a la entrega de dispositivos como condición necesaria, pero no suficiente. Se necesitó también avanzar en la conectividad, pensar acuerdos con las compañías telefónicas, desarrollar líneas de investigación y sobre todo hacerlo en un marco pedagógico que dé sentido a la tecnología en el proceso educativo”, afirmó Leandro Folgar, presidente del Plan Ceibal, a Infobae.
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La mayoría de los países -por no decir que todos- no estaban preparados para un cierre de escuelas como el que ocasionó el brote de COVID-19. En todos los casos se observan fallas comunes: desconexión entre las zonas urbanas y las rurales, desigualdad económica y falta de financiación al sector educativo. Problemas que son fáciles de deducir, y que desde luego iniciativas como las de Uruguay se encargan de resolver.
Pero hay otros problemas, como el debate político (ideológico, en realidad) en torno a los programas de educación. El Ceibal nació en el gobierno de Tabaré Vásquez y creció con José Mujica, ambos de izquierda. Ahora el país está dirigido por Luis Lacalle Pou, de derecha. Pero a pesar de estar en diferentes orillas de la política, el nuevo presidente sostendrá el plan en su gobierno, una maniobra de enmarcar. En otros países de la región, como Bolivia -con un gobierno interino-, no se observa la misma transición y se ha visto la educación como otro bastión ideológico.
El ministro de Educación interino, Víctor Hugo Cárdenas, ha declarado que en el país la educación se utilizó en los últimos 14 años, es decir, durante el gobierno de Evo Morales, como “un sistema de adoctrinamiento político”. Según cuenta el funcionario, el 70 % del contenido de las escuelas “enseñaba el socialismo marxista y menos del 30 % se trataba de educación didáctica y pedagógica”, algo que habría afectado “el desarrollo de la educación virtual”, pues hay una base que se opone a esta. “Hay gente que no quiere que haya educación virtual a pesar de que está usando un teléfono de última generación y está con una computadora, pero esa es una actitud de solo oponerse y negar el avance de la educación boliviana”, aseguró el ministro de Educación.
Hay que destacar que el gobierno interino de Jeanine Áñez aprovechó la cuarentena para reglamentar la educación virtual y a distancia, y bajo el comando de Cárdenas se están buscando estrategias para hacerles llegar dispositivos tecnológicos a las familias para ayudar a la modernización educativa que, en palabras del ministro, no se trata de un reemplazo a la presencial, sino de un complemento al que se le puede sacar provecho. “La modernización educativa no debe perjudicar absolutamente a nadie, no debe generar ni una familia perjudicada, ni un maestro despedido, ni un centro educativo cerrado”, advirtió. También buscan hacerles llegar a las personas en los lugares más remotos elementos para continuar con su educación. Pero, así como este gobierno denuncia que el anterior usó la educación como “adoctrinamiento político”, nada garantiza que se use este argumento contra ellos más adelante. Este es el reflejo de cómo la educación se ha convertido, como dice Cárdenas, en un bastión político. Un debate que ya se ha presentado en países como Pakistán o India.
Hablando a pantallas en negro
Un grupo de investigadores del Ciper, un centro de investigación de Chile, en un artículo llamado “Educación online de emergencia: hablando a pantallas en negro” encontró que “la mayor parte de las clases online que se han implementado en Chile son más bien respuesta de emergencia a la crisis sanitaria. Así, profesores estresados y sin preparación adecuada para el e-learning intentan transmitir conocimientos a jóvenes cuyas familias pueden estar empobreciéndose”. Según una investigación en curso de ese centro, los profesores enfrentan con frecuencia clases con pantallas en negro y micrófonos apagados.
“Ahora el docente hace preguntas y nadie contesta, no ve gestos, no sabe si sus estudiantes están escuchando o si siquiera están. No hay nada en la corporalidad del otro que ayude a la comunicación; pareciera que la necesaria comunicación no verbal cede ante la presencia de los emoticones, manifestación explícita de la nueva comunicación virtual”, explican los autores del texto. La estrategia metodológica de la mayoría de los educadores en línea ha sido sobre todo unidireccional, no bidireccional como en los salones de clase. De esta manera, “es posible que el hecho de escuchar al docente de manera ininterrumpida por largos periodos, sin mayor interacción y sobre la base de contenidos disponibles en diversos medios pueda ser percibido como una pérdida de tiempo”, destacan los investigadores del Ciper. Por ello, se necesita que se revisen las metodologías de aprendizaje, pues generan una frustración tanto en estudiantes como en maestros.
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Poco se ha hablado sobre las dificultades para las instituciones que ofrecen educación especial de adoptar una metodología en línea. En Perú, por ejemplo, aunque el Ministerio de Educación ha integrado las modalidades de educación especial en todos sus niveles, no toda la población que requiere este servicio tiene acceso a las herramientas.
“Aquí en Barranca se ha implementado (Aprendo en casa) en Radio Barranca, pero lamentablemente muchas de nuestras familias no tienen acceso o no hay cobertura de esas radios en nuestra zona. Por tal motivo viendo esta adversidad, lo que hemos hecho es proporcionar los audios (de las clases) de forma anticipada a los maestros para que puedan elaborar sus actividades durante la semana”, dijo Marisol Ríos Valvidia, directora del Colegio Fernando Carbajal Segura que atiende a alumnos con habilidades diferentes, al diario Perú21. “Nuestros alumnos como son niños con discapacidad severa y multidiscapacidad son más vivenciales, es necesario que puedan ver, tocar y explorar, por eso las colegas implementan videos (hechos) en sus hogares y estos videos se los transmiten a los niños en sus casas. Es un trabajo que hacen dos veces por semana”, añadió.
Los gobernantes han demostrado un gran interés en las últimas semanas por la educación virtual. En Argentina, por ejemplo, el presidente Alberto Fernández impartió personalmente una clase virtual a sus estudiantes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “Mi mayor preocupación es que no pierdan el cuatrimestre. Sé lo que es estudiar, y todo esto nos ha revolucionado a todos, esa es la verdad. Pero lo que queremos es que no pierdan las clases ni las fuerzas”, dijo el mandatario. Pero como le dijo el tecnólogo argentino Santiago Bilinkis, a Infobae, “la autocrítica que tendríamos que hacer es por qué no hicimos esto antes de que nos lo impusiera un virus”, pues otros lugares del mundo nos llevan años de adelanto.