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La incómoda filtración que desde hace días había sido anunciada por Julian Assange, fundador de Wikileaks, obligó a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a establecer contacto —advirtiendo sobre las eventuales revelaciones— con gobernantes de países como China, Alemania, Francia y Arabia Saudí.
En los archivos aparecen referencias al primer ministro ruso, Vladimir Putin, a quien se le califica de autoritario y machista, dos características, dicen los documentos, que le permiten conectar con su homólogo italiano Silvio Berlusconi. Del presidente francés, Nicolás Sarkozy, se asegura que pareciera que por momentos quisiera obstaculizar la política exterior de Estados Unidos y a la canciller alemana, Ángela Merkel, se le tilda de prevenida y “poco creativa”. Los papeles evidencian los esfuerzos diplomáticos de Washington en América Latina por aislar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el pedido del Departamento de Estado de información a la Embajada en Buenos Aires, sobre la salud mental de la presidenta Cristina Fernández.
Los documentos (251.287 mensajes que recogen información de los últimos dos años) muestran también que Estados Unidos recurrió a distintas presiones para intentar cerrar la cárcel de Guantánamo, como el pedir al gobierno de Eslovenia aceptar a un prisionero a cambio de una reunión con el presidente Barack Obama.