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La renuncia de Fidel Castro a todos sus cargos de gobierno empieza a ser digerida en la calle; las preguntas que se hace la gente más humilde son las mismas que formulan en sus despachos analistas y diplomáticos. ¿Cuánto pesará Fidel aunque se haya ido? ¿Cuál es en verdad su estado de salud? ¿Será Raúl capaz de introducir cambios? En esencia, ¿más de lo mismo, reforma al estilo chino o repetir la experiencia del campo socialista?
La mayoría de los expertos en Cuba, así como muchos cubanos, anticipan que Raúl Castro, de 76 años, hermano menor de Fidel Castro, se ponga en sus zapatos. Sin embargo, aún es un misterio si Fidel dividirá los dos puestos de mayor importancia que ostenta como jefe de Estado —la presidencia tanto del Consejo del Estado como del Consejo de Ministerios— para darle uno de ellos a un seguidor más joven. Además, tampoco es claro a quién elegiría para que reemplace a su hermano en la vicepresidencia.
Sumándose a la complejidad de la política, Castro nunca dijo que renunciaría a la dirección del Partido Comunista. Bajo la Constitución cubana, el partido tiene mayor poder que el mismo gobierno.
El mundo a la expectativa
Muchos analistas, tanto en el extranjero como en Cuba, pronostican que Castro seguirá dando las órdenes del gobierno tras bambalinas, suponiendo que su salud así lo permita, al tiempo que da la impresión de transmitir el poder. “La mayoría de la gente recibió la noticia con un encogimiento de hombros”, comentó Elizardo Sánchez, prominente detractor del gobierno. “Tengo la sensación de que el comandante no va a retirarse de la escena política por ahora”.
En la disidencia, como en la sociedad, las opiniones están divididas, aunque predomina el escepticismo. “Yo pienso que Fidel Castro está indicando que él se está quitando del camino”, comentó Peter Kornbluh, especialista en Cuba por el Archivo de Seguridad Nacional. “Va a pasar de comandante en jefe a comentarista en jefe”.
Julia Sweig, experta en Cuba por el Consejo de Relaciones Exteriores, notó que tanto Fidel como Raúl Castro habían dicho en meses recientes que ellos tenían una obligación no sólo para dirigir, sino también para ceder a una generación de líderes más jóvenes.
A fin de garantizar que el gobierno socialista sobreviva en las décadas próximas, Fidel Castro necesita poner a uno de sus jóvenes y leales seguidores en una posición de poder, destacó. Eso significaría compartir el poder y quizás dividir los deberes que él tenía. “Raúl sabe que él no es la única atracción del pueblo”, dijo. “Raúl aún sabe que el hermano mayor está observando”, anotó Robert A. Pastor, experto en América Latina por la Universidad Americana y quien advierte que el ajedrez ya comenzó a moverse.
La renuncia de Fidel ha aclarado el horizonte político. El domingo se constituirá el nuevo Parlamento y Raúl Castro, de 76 años, o un dirigente más joven, como Carlos Lage, de 57, será elegido presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Puede reformarse la Constitución, dividirse los poderes y crearse el cargo de primer ministro, o cualquier variante, pero en el fondo nada cambia en Cuba.