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Estaba en Sinjar, Irak, cuando sucedieron los atentados en París. De modo que, contrario a mis compatriotas, para mí el 13 de noviembre es un día de victoria, porque los kurdos sacaron al Daesh de Sinjar. Fue un día muy feliz, lleno de cantos y sonrisas, también de kalachnikov y detonaciones. No tenía internet, así que supe sobre París al día siguiente. Y fue, obviamente, una noticia dura. Pero me fastidia que los gobiernos actúen como si fuera una sorpresa, como si descubrieran ahora que hay un problema en Siria y en Irak. Y que se hagan los tontos cuando tienen algo (no todo, pero algo) de responsabilidad en el surgimiento y el éxito del Daesh (por muchas razones: una de estas, a mi parecer, haberse negado a ayudar correctamente a la revolución siria).
Y me da vergüenza, sobre todo, ver cómo en Francia las mentes se han cerrado. Dos semanas después de los atentados de París viajé a Francia. Tomé el metro parisino. Llevaba puesta una bufanda kurda, que se parece a un keffieh, del tipo que llevaba el líder palestino Yasser Arafat. En el metro un hombre me insultó, me llamó terrorista por llevarla. No creo que esto hubiera pasado antes.
Vivo en Erbil, a unos 80 kilómetros de Mosul, una de las dos “capitales” del Daesh. Sobre Mosul lo único que puedo saber son las informaciones que manda a veces cierta gente que sigue viviendo en la ciudad. Se sabe, por ejemplo, que la actitud del grupo cambió bastante después de las primeras semanas. En aquellos primeros días, por ejemplo, dejaron a los cristianos de Mosul en paz. Se sabe que en los territorios que controla el grupo se aplica una visión totalmente errada y extremista del islam, una Sharia absoluta con castigos muy parecidos a los que existen en Arabia Saudita (qué interesante, ¿no?), y que tratan de controlar todos los aspectos de la vida cotidiana, en un modo “estatal” (existe, por ejemplo, una autoridad de los consumidores).
En principio, y sólo en ciertos lugares, hubo gente a la que no le pareció tan mala la ofensiva del Daesh. Hablemos de Mosul: una ciudad que venía desde hace años con muchísima violencia y problemas con el gobierno chií, que discriminaba a los sunitas. Hubo gente que vio al Daesh como unos libertadores. Por supuesto, esto cambió con rapidez en muchos casos: hoy existen grupos de resistencia al Daesh dentro de la ciudad. Y de manera general (esto quiero subrayarlo dado todo lo que se dice en los medios y todo lo que se olvida), buena parte de sus víctimas han sido musulmanes. Tampoco habría que olvidar que en Siria la mayoría de los muertos civiles del conflicto son víctimas del ejército de Bashar al Assad y no del Daesh.
El Estado Islámico es el resultado de muchas dinámicas de la región (desde Sykes-Picot, la invasión estadounidense en Irak en 2003, las influencias de Irán, Turquía, etc.). Oriente Medio está transformándose muchísimo con este nuevo actor. De manera que para descifrar esta cuestión hay que entender las dinámicas de la región. Ahora tenemos a un nuevo “Estado”, el Califato, con una dimensión territorial. Al Qaeda nunca tuvo una dimensión territorial, era terrorismo “clásico”, y ahora es interesante ver cómo el Daesh pierde terreno en Irak, como en Sinjar, y está empezando a hacer más “terrorismo clásico”: para mí, los atentados de París revelan que el Daesh de hecho perdió fuerza.
Creo de manera absoluta que no se puede resolver la cuestión del Estado Islámico sin resolver primero la situación política y social en Irak y la guerra civil en Siria. Es decir, mientras Asad esté en el poder en Siria, el Daesh seguirá en pie. Y la guerra en Siria seguirá generando fenómenos de radicalización dentro y fuera de sus fronteras. Si mañana los derrotan, acaban con todos los jefes de la organización, pero no se resuelve el conflicto en Siria; dentro de unos años habrá una nueva organización terrorista, con un nombre distinto, pero será lo mismo.
* Periodista francesa independiente y radicada en Erbil (Irak).