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Ninguna tan hermosa y glamorosa como la reina Rania de Jordania, casada con el rey Abdalá II. Las cámaras la adoran, lo mismo las revistas de moda en Europa y el mundo entero. Sin embargo, la crisis árabe con la caída de los presidentes Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto, abrió una grieta para que el descontento de los líderes jordanos se colara en una carta que alcanzó a ser comunicado de prensa sólo algunas horas.
Al parecer, no se trata sólo de su origen palestino, ni de su interés por nacionalizar a los hijos de mujeres palestinas nacidos en Jordania, que para los jordanos es ya motivo de descrédito y preocupación, sino su actitud ostentosa en un momento en que la riqueza del rey no es sinónimo de bienestar para la población.
Sin embargo, el poder de Rania es sólo equivalente al de sus ex compañeras del Arab Women Organization , es decir, las esposas del expresidente de Túnez Ben Alí y del expresidente Mubarak. Se dice de Leila Ben Ali —quien antes de salir de su país con su familia sacó cientos de lingotes de oro del Banco Central de Túnez—, que aspiraba a suceder a su esposo en la presidencia.
Lo que empezó como un apoyo para leer discursos en momentos de enfermedad de su marido, se reveló como una sincera ambición sin medida que rayaba con la corrupción rampante. De la capacidad de intriga de la que fuera una mujer de origen humilde, dio fe (a través de las filtraciones de Wilkileaks) la viuda del líder palestino Yasser Arafat.
Según los cables filtrados (fechados el 16 de junio de 2009), el embajador Godec escribe que “(el presidente) hace lo que su mujer le pide que haga”. Añade comentarios sobre la corrupción en la que está inmersa la familia en el poder: “Los miembros de la amplia familia de Ben Alí pueden hacer lo que quieran con impunidad, incluido falsificar documentos”.
Este comentario hacía referencia al cierre del colegio más importante de Túnez antes de que Suha Arafat y Leila Ben Alí abrieran el internado que habían creado para los niños de clase alta del país y en el que la viuda palestina había invertido 2,5 millones de euros.
Sin embargo, en algún momento, por razones personales, Suha se atrevió a disgustar a la primera dama de Túnez, quien se encargó de que su marido la expropiara y le retirara la nacionalidad tunecina que le había otorgado años atrás.
Con el mismo estilo glamoroso y autoritario, la exprimera dama egipcia se acostumbró a tener a sus pies el mundo. Es público también que el descontento del pueblo egipcio pasaba por las actitudes ostentosas de esta mujer, de origen británico con una especialización en sociología de la educación. Estas tres mujeres han compartido el brillo de los reflectores de sus esposos. Tanto Leila como Suzanne están pagando el costo de una participación tan importante en los gobiernos de sus respectivos maridos. Sin embargo, la vida de todas las princesas o primeras damas árabes no es igual.
El look occidental de Haya (hermanastra del rey Abdalá de Jordania), casada con Mohamed Bin Rashid al Maktoum, jeque de Dubai y quien ha sido embajadora de buena voluntad de la Unesco y presidenta de la Federación Hípica Internacional, contrasta profundamente con el estilo conservador de la jequesa Fatima bint Mubarak, quien guarda sus tradiciones y no permite siquiera que le tomen fotos. Estas mujeres reflejan la distancia que existe entre las tribus del desierto y las mujeres árabes más cercanas a la educación y a las tradiciones europeas.
Además de su reconocida vanidad y fascinación por la ostentación, estas mujeres tienen mucha más injerencia en sus maridos de lo que siempre se ha pensado en Occidente y podría ser que, como sucedió en Túnez y en Egipto, compartan la responsabilidad de darles a sus pueblos condiciones más dignas.