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Increpado por sacar la basura a la calle un jueves, cuando la recogida estipulada para su barrio era los viernes, un brasileño residente en Japón argumentó, en un japonés telegráfico, que si esperaban un poco, “el jueves se volvería viernes”. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
La escena fue llevada a los escenarios japoneses por el cómico Issey Ogata (el inquisidor Inoue en la película Silencio, de Martin Scorsese), y se repite cada día con ligeras variaciones en todas las ciudades del archipiélago donde residimos personas provenientes de culturas donde las normas ciudadanas se suelen cumplir a medias, un poquito, de vez en cuando o son alegremente ignoradas.
Incumplir el protocolo nipón de las basuras es un tema de seguridad nacional, por su efecto en la salud, la convivencia y la estética, y conlleva penas de hasta cinco años de cárcel.
Para ganar el cielo nipón de la aceptación social, los extranjeros recién llegados deben someterse durante los primeros meses a un examen cuyos únicos puntos son: separar los desechos según las categorías acordadas para cada día, y llevarlos al sitio designado con puntualidad.
Para entender qué tan precisa, meticulosa, quisquillosa y exhaustiva puede llegar a ser la clasificación de desperdicios en Japón, basta citar la localidad de Kamikatsu, donde sus habitantes se jactan de separar su basura en “45 tipos y 13 categorías”.
Kamikatsu, por supuesto, tiene pocos habitantes. Todos deben tener mucho tiempo de sobra, pues en vez de esperar a que les recojan la basura, convierten las sobras de comida en abono y el resto lo llevan a un centro de reciclaje. Allí, como si fuera un supermercado a la inversa, buscan la estantería correcta para dejar sus despojos.
En ciudades como Tokio, la catalogación es más simple y se separan materiales combustibles, incombustibles y reciclables. Si uno quiere deshacerse de una silla rota o un electrodoméstico con un alto o ancho de más de 30 centímetros, entra en la web del departamento municipal de basuras, elige una fecha y paga una cuota extra por la recogida especial.
Junto a la música a todo volumen, la basura es el único contacto de muchos inquilinos con su vecindario. Por eso, estudiantes de humanidades o arquitectura dedican sus tesis de grado a dilucidar cómo la forma de sacar los desechos del hogar determina el éxito de la coexistencia de las comunidades extranjeras en Japón.
Cuando el gobierno japonés anunció que acogería a ciudadanos de Ucrania, víctimas del actual conflicto, hubo gran revuelo, pues Japón es conocido por su rechazo a recibir refugiados. Luego se especificó que los primeros serían aquellos que tuvieran familiares en Japón. Es decir, habría pocos problemas con la sacada de la basura. Seguro que muchos respiraron aliviados.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.