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Torre de Tokio: heroísmo senil

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Japón
Chieko Basho, protagonista de la película Plan 75.
Foto: Cortesía

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Ofrecer dinero a los mayores de 75 para que se dejen poner una inyección letal es una idea turbadora (y de momento ficticia), que refleja la preocupación de Japón por un futuro superpoblado de ancianos. Se llama Plan 75 y es el argumento de la película del mismo nombre dirigida por Chie Hayakawa y presentada en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes en 2022. (Recomendamos: Más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

En un futuro cercano, el Gobierno japonés lanza una campaña para animar a su población senil a aceptar el suicidio asistido en una fecha y un lugar convenidos. Les ofrece como incentivo un pago inmediato de 100.000 yenes (unos US$750), o el equivalente al precio del vuelo de ida Tokio-Hawái.

Alrededor de la protagonista, una viuda que a sus 78 años sobrevive con trabajos precarios, gira un carrusel de personajes entre los que se encuentran jóvenes funcionarios encargados de ofrecer el Plan 75 con el tacto de un vendedor de ataúdes de última gama, y mujeres mayores que sopesan el heroísmo de dar la vida por las nuevas generaciones. La película es una crítica a las sociedades que estigmatizan el fin de la vida productiva, donde ser viejo equivale a convertirse en un lastre cuyo peso aumenta en proporción inversa a la escasez de fondos en el banco.

Eliminar ancianos es una manera sucinta de hacer frente a desafíos económicos y sociales como la baja natalidad, la escasez de mano de obra y el aumento de personas que dependen de los sistemas de salud, seguridad social y pensiones.

El Plan 75 evoca métodos de limpieza étnica y se le ocurrió a la guionista y directora tras conocer la noticia del apuñalamiento de 19 discapacitados mentales, algunos de ellos ancianos, perpetrado en julio de 2016 por un exenfermero que, según se supo, había ofrecido asesinar a 460 enfermos mentales “por el bien de Japón y por la paz mundial”.

También remite a una campaña llamada “Reunión de Vida”, lanzada hace cinco años para mentalizar a las familias a desconectar parientes en estado vegetativo y desocupar camas en los hospitales.

Su antecedente cinematográfico directo es La balada de Narayama, la historia de una aldea empobrecida que alivia la hambruna abandonando a sus ancianos en una montaña cuando cumplen los 70 años. La película le valió a Shohei Imamura la Palma de Oro en Cannes en 1983.

Dada la implicación macroeconómica, es muy probable que el tema se instale en la conversación social y se pida a los científicos acortar la expectativa de vida porque alargarla ya no hace falta. Pero antes pedirles a los filólogos encontrar un término que suene mejor que senicidio.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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