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Un influyente médico japonés advirtió que el arribo de cien mil personas de países y regiones de todo el mundo a la principal isla de un archipiélago donde solo el 5 por ciento de la población está vacunada, podría engendrar una nueva cepa del COVID-19, a la que bautizó el “Virus olímpico de Tokio”. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Sin sarcasmo, y argumentando que Tokio 2020 será a una convocatoria mundial de todas las cepas mutadas, el doctor Naoto Ueyama, presidente del Sindicato de Médicos de Japón, se sumó a los científicos que claman por la cancelación de unos juegos que, en teoría, desaparecerán de no celebrarse este 23 de julio.
Ante el avance de los contagios y la lentitud de las vacunaciones, el gobierno japonés prolongó el estado de emergencia en Tokio y otras regiones del país hasta el 20 de junio, poco más de un mes antes del inicio de los Juegos Olímpicos.
Por su parte, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha dicho que las competiciones tendrán lugar, aun si la capital nipona sigue en estado de emergencia. La exitosa celebración en todo el mundo de numerosos eventos deportivos estilo “burbuja”, con restricción de movimientos y muchas pruebas PCR, parece ofrecer evidencia suficiente para seguir adelante.
Según expertos legales, las responsabilidad económica de cancelar unilateralmente los juegos por razones ajenas a una guerra, recaería en la ciudad anfitriona y, por ende, en sus contribuyentes.
Más de 70 por ciento de los japoneses encuestados por diferentes medios de comunicación se oponen a celebrar un evento de gran trascendencia para el deporte mundial, pero prescindible en medio de una pandemia. Los nacionalistas japoneses piden no regalar a China el honor de celebrar la primera olimpiada pospandemia, los Olímpicos de invierno en Pekín 2022, promocionados con el reiterativo eslogan “Nuestros anfitriones chinos asegurarán unos juegos protegidos y seguros”.
El presidente del COI, Tomas Bach, pidió a los ciudadanos japoneses “un sacrificio” y, ante su insistencia, el secretario del Partido Comunista de Japón, una voz política minoritaria pero con fama de sensata, le recriminó por “tratar a Japón como una colonia del imperio COI”.
Anticipándose al juicio de la historia por una tragedia anunciada, el COI obligará a firmar a los participantes de los juegos un documento de consentimiento informado eximiendo de responsabilidad al organismo deportivo en caso de contagios. Japón consiguió esta olimpiada asegurando al mundo que la situación tras el accidente nuclear de Fukushima estaba “bajo control”, pese a que la central accidentada sigue teniendo una agenda de cuatro décadas para ser desmantelada y ser considerada segura. El doctor Ueyama teme que, por originar el virus olímpico, Japón será criticado durante los siguientes cien años.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.