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En el proceso judicial que se ha iniciado contra Alfredo Molano está en juego, más allá de un caso individual, la salud de las libertades en Colombia.
En cualquier país democrático se pone siempre el principio constitucional de Libertad de Expresión por encima del interés de las personas que puedan sentirse molestas por el contenido de un artículo o información, siempre que no haya falsedad injuriosa, lo que no se da en modo alguno en el caso de Molano, como demostró en estas páginas el jurista Humberto de la Calle. Sólo una interpretación torticera del artículo objeto de querella puede concluir algo parecido.
Durante muchos años, Alfredo Molano se vio obligado a exiliarse por la amenaza de fuerzas oscuras. El propio Presidente de la República le dijo que no podía garantizarle la vida. En Colombia, donde la Libertad de Expresión está garantizada constitucionalmente y respaldada formalmente por el Gobierno, son muchas las “manos negras” y los intereses que la vulneran con amenazas, con la muerte de modestos informadores locales, obligando a la autocensura de los periodistas. En este caso, son familias con gran poder regional que tratan de obligar a una humillante retractación pública, al estilo de los “Autos de fe” de la Inquisición, a uno de los periodistas más limpios y ejemplares de este país.
La suerte de Alfredo Molano es la de todos los que defienden el principio supremo de Libertad de Expresión, sin la cual no hay democracia.
Antonio Albiñana Ferri. Bogotá.
La muerte “natural” del maestro Orlando Fals Borda
El maestro Fals Borda fue (y será) un faro ético para la izquierda colombiana. Su muerte me obliga a reflexionar sobre su legado y su aporte a la democracia, a las luchas populares y a los estudios sociales en el país. Lo conocí en el año 1997 como estudiante en la Universidad Nacional. Allí me interesé por lo interdisciplinario y por la I.A.P. Luego tuve el privilegio de tenerlo como jurado en mi tesis de grado. Sé que ahora vendrán muchos homenajes sobre su obra, pero quisiera aprovechar este momento para detenerme en el hombre.
Siempre fue en sus clases una persona respetuosa del estudiante y con su ejemplo mostraba una coherencia vital que tanto escasea. Le tocó enterrar a muchos de sus amigos, a lo largo de tantas décadas de guerra sucia. Su muerte, junto a la del maestro Eduardo Umaña Luna, es de las pocas “muertes naturales” de la izquierda colombiana. Sobresale que en un país supuestamente tan democrático como Colombia, todos los presidentes hayan fallecido de muerte “natural” (en tanto que en países como Estados Unidos han asesinado a varios), mientras que la larga lista de lideres sindicales, obreros, indígenas y de todo tipo de organizaciones populares, han sido arrasados por pensamiento, palabra, obra y omisión del Estado colombiano (de allí las múltiples condenas que ha recibido en instancias internacionales hasta hoy).
A la derecha colombiana sólo le han asesinado a dos grandes personajes: Álvaro Gómez y Carlos Castaño. Dentro de las obras del maestro Fals, es inolvidable para mí su Historia doble de la costa, maravilloso testimonio de las vidas paralelas y las relaciones, siempre prolíficas, entre History y story. Ha muerto un gran hombre. Espero que nosotros, las nuevas generaciones, podamos continuar pensando el país, buscando puentes entre la Academia y los sectores populares. Para muchos, ser de izquierdas es “cosa de juventud” o algo vergonzante. El maestro Fals demostró que ser de izquierdas es ante todo una actitud ante la vida, y eso es algo que no se aprende ni se vive sólo en la teoría. Se necesita mucha I.A.P.
Alberto Bejarano. Bogotá.
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