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Pero la conversación telefónica de esta semana entre los dos presidentes despejó el camino. Después del atentado al presidente Iván Duque, cuando viajaba en el helicóptero presidencial en Norte de Santander, el telefonazo de Biden fue útil no solo para mostrar su respaldo, sino para reanudar los contactos y regresar a la idea que desde hace años ha acompañado las relaciones entre Bogotá y Washington. La de países aliados que comparten la lucha contra las drogas como prioridad de gobierno, la convergencia en la búsqueda de un cambio de régimen político en Venezuela, la de estimular políticas en favor de los derechos humanos, y la de consolidar la condición de aliados tradicionales en el escenario hemisférico.
¿Quedaron atrás las diferencias? ¿Se restableció la alianza Bogotá-Washington en los mismos términos de los últimos años? Las respuestas a estas preguntas tienden a ser positivas en cuanto a la demostrada voluntad de los dos mandatarios de conservar una alianza especial. Al mismo tiempo, no han desaparecido por completo las diferencias sobre asuntos esenciales -como la situación de derechos humanos en Colombia- frente a la cual hay grupos especialmente sensibles en el Congreso norteamericano (cercanos al partido de gobierno), en ONG y en los medios de comunicación. La llegada de nuevas caras a la Cancillería en Bogotá, con Marta Lucía Ramírez, y a la Embajada de Washington, con Juan Carlos Pinzón, exministro de Defensa, podría significar un momento de replanteamiento en las relaciones bilaterales. ¿Lo buscará Colombia? ¿O Estados Unidos? En otras palabras: las evidentes molestias en sectores cercanos al gobierno Biden, ¿llevarán a un replanteamiento de las relaciones?
Todo indica que, a pesar de las inconformidades que pueda haber en las capitales, al final pesan más los elementos de convergencia. Por una parte, si bien hay diferencias en algunos temas y molestias puntuales, pesan más los factores de entendimiento. Es decir, la necesidad de los gobiernos Duque y Biden de mantener una relación cercana, de aliados, por encima de sus diferencias en otros aspectos.
Sobre todo en la medida en que las posturas del gobierno de Iván Duque en Colombia entiendan la sensibilidad de algunos actores claves en Washington en asuntos como los derechos humanos. Un tema que no es nuevo, pero al que le han aparecido dificultades recientes. Por una parte, los enfrentamientos entre fuerzas del orden en Colombia y participantes en el paro, que han dejado un balance de 34 muertos. Según José Miguel Vivanco, vocero de Human Rights Watch, en los enfrentamientos “se han cometido abusos gravísimos en contra de manifestantes”. Y El propio comunicado del gobierno de Joe Biden, en un contexto positivo hacia el gobierno de Iván Duque y hacia las relaciones bilaterales, dice: “El presidente Biden expresó su apoyo a los derechos de los protestantes pacíficos, subrayó que el cumplimiento de las leyes debe cumplir los más altos niveles de control”.
Pero, aunque las ONG de derechos humanos tienen mayor audiencia en el partido que ahora ocupa la Casa Blanca con Joe Biden, la relación bilateral entre los dos países sigue pesando mucho. Sobre todo en la medida en que Bogotá y Washington mantienen su coincidencia crítica frente al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, que se ha convertido en un punto de convergencia de la política hemisférica. Los dos países, Colombia y Estados Unidos, en general, conservan una política de más coincidencias que diferencias en momentos de incertidumbre y falta de consenso en el plano hemisférico. El académico Juan Tokatlian concluye que todo esto se va a traducir en un “acompañamiento silencioso” de la administración Biden al Gobierno colombiano.
En el contexto regional, Colombia y Estados Unidos tienen más que ganar con una posición de entendimiento que con un distanciamiento. La de hoy no es la América Latina que había en noviembre, cuando fue elegido Biden. En Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro se ha aferrado al poder. En Brasil el gobierno de Bolsonaro desafía, un día sí y otro también, las prácticas democráticas. Chile está redefiniendo su futuro con una nueva Constitución. Los nuevos mandatarios de Bolivia, Luis Arce, y Ecuador, Guillermo Lasso, apenas va a arrancar. La polarización en Perú genera enormes incertidumbres para el nuevo gobierno (Pedro Castillo, que no ha sido declarado presidente oficialmente). En un momento tan convulsionado y difícil, los presidentes Duque y Biden preferirán, a pesar de todo, mantener un entendimiento tranquilo. ¿Lo lograrán?
* Excanciller y periodista.