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RESULTA YA EVIDENTE QUE ENTRE las principales ciudades del país, Bucaramanga se está convirtiendo en un ejemplo de dinamismo económico y avance en materia social. Todos los indicadores la muestran ocupando un lugar de liderazgo dentro del grupo de las 13 urbes más grandes del país.
Esos logros también se están reflejando en el crecimiento del departamento de Santander. En los últimos 20 años, su producto interno bruto creció más que el de todos los entes territoriales con mayor influencia económica, incluyendo a Bogotá. En un trabajo recién publicado de la economista Laura Cepeda, se analizan diferentes factores que han influido en ese crecimiento.
Además de los determinantes de tipo económico que la autora presenta, considero que se debe tener en cuenta uno de naturaleza social: el escaso impacto que ha tenido el narcotráfico en la sociedad bumanguesa. La necesidad de involucrar este tema se hace más evidente si tenemos en cuenta que de las 13 principales ciudades, Bucaramanga fue la que entre 2002 y 2009 redujo más la incidencia de la pobreza, medida por ingresos autónomos: 21,9%. En contraste, encontramos a Cali ocupando el último lugar en esta materia, con una reducción de sólo el 0,7%. Como se sabe, las consecuencias del narcotráfico sobre la economía y sociedad caleñas han sido enormes. Por ejemplo, aún hoy Cali tiene la tasa de homicidios per cápita más alta del país y casi que cuadruplica la de Bucaramanga.
Peor aún, en Cali el narcotráfico deterioró la calidad de las instituciones políticas, aumentó la corrupción, e involucró a una parte importante de la élite local en sus actividades delictivas. Todo ello se reflejó en una gran destrucción del capital social. La crisis de la sociedad caleña fue evidente en la virtual quiebra de Emcali, el deterioro de la Universidad del Valle y el éxodo de muchos de los profesionales con mayor capital humano, quienes le dejaron la vía libre a las mafias, la politiquería y la corrupción. Eso no parece haber ocurrido en Bucaramanga. Claramente el grado de influencia del narcotráfico en la economía, la sociedad y la política que lograron los carteles de Cali y Medellín en sus respectivas ciudades, no se presentó allí. No digo que no haya fenómenos de corrupción en Bucaramanga, incluso en algunos subperiodos tal vez hubo mucha, pero es evidente que no ocurrió la cuasicaptura mafiosa de toda una ciudad.
Aunque creo que parte del éxito de Bucaramanga, en contraste con Cali, por ejemplo, tiene que ver con el menor impacto del narcotráfico en la primera, hay otros factores que influyeron en los destinos distintos de estas dos ciudades. Uno de ellos, es que a toda la economía de Santander le ha ido bien, lo cual beneficia a su capital. Otro factor analizado en el documento de Laura Cepeda, es que la industria santandereana ha sido últimamente una de las más dinámicas. Tal vez la razón sea que en Santander no hubo mucha industria en el periodo de industrialización por sustitución de importaciones, y sus empresarios pudieron reaccionar mejor ante la apertura y la mayor competencia que ella trajo. Esto último, parece que le ha costado más trabajo a los industriales vallunos y antioqueños, que se habían acomodado a ser rentistas dentro del proteccionismo del modelo cepalino.
Pero por encima de todo, a mí me parece que el éxito de Bucaramanga y su región se sustenta en que han invertido en el capital humano de su gente más que en ninguna otra región de Colombia, si se exceptúa a Bogotá. Por ejemplo, en 2009 Santander sacó el más alto puntaje en el Icfes entre todos los departamentos. En 2010, por cada 100.000 habitantes 2,59 santandereanos obtuvieron becas-crédito de Colfuturo, comparado con 2,11 de los antioqueños y 1,44 de los vallunos. No tengo ninguna duda de que el progreso está en la cabeza, como lo ilustran Santander y Bucaramanga.