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Camino a Cocoplum Bay

Adolfo Meisel Roca
27 de noviembre de 2009 – 09:38 p. m.

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COCOPLUM BAY ES UNO DE LOS LUgares más hermosos de Colombia.

Sus playas bordeadas de cocoteros y aguas azul aguamarina, valga la redundancia, alegran el espíritu siempre que uno vuelve a San Andrés. Además, tiene la ventaja de estar alejado del norte de la isla, donde se concentran la mayoría de los turistas y la actividad comercial.

El sector de la bahía Cocoplum cuenta ahora con un atractivo turístico adicional,  el Jardín Botánico de la Universidad Nacional. Subiendo desde la carretera circunvalar poco más de un kilómetro, por la Harmony Hall Hill, se encuentra una magnífica colección de la vegetación caribeña, además de una zona de conservación del bosque insular. En total son unas ocho hectáreas, en cuyo sendero principal se puede observar la vegetación típica de las islas del Caribe, debidamente identificada con sus nombres científicos y populares.

En la colección del Jardín Botánico de San Andrés se encuentran aproximadamente 300 especies de plantas. Muchas de ellas están amenazadas, razón adicional por la cual la labor que cumple esta institución es tan necesaria. Una de esas especies en peligro es el muy caribeño hicaco, conocido en San Andrés y Providencia por su nombre en ingles: Cocoplum.

El diseño arquitectónico del jardín botánico es del arquitecto Santiago Moreno y su promotor, organizador, y alma y corazón, es el biólogo Peter Lowy. Sin duda un trabajo hecho con amor, como podrán constatar quienes hagan el recorrido, el cual se puede hacer cómodamente en unos 45 minutos. Las guías que acompañan a los visitantes, como Yaira, han sido muy bien entrenadas y presentan la información de una manera agradable y precisa.

En el punto más alto del jardín se construyó un mirador con 12 metros de altura y desde el cual es posible observar buena parte del centro y de la parte oriental de la isla. La densa zona de cocoteros que se ve hacia el occidente es muy parecida al paisaje que cubrió la mayor parte de San Andrés en el período 1850 y 1950, cuando la isla vivió un inmenso auge económico sobre la base de las exportaciones de coco.

Sólo una observación tendría que hacerles a los directivos del Jardín Botánico de San Andrés. Valdría la pena ponerle un nombre menos institucional. Tal vez podría ser un referente al lugar donde está ubicado. Por ejemplo, Cocoplum Botanical Garden. Otra alternativa sería hacerle un justo reconocimiento al profesor James J. Parsons, el gran geógrafo de la Universidad de Berkeley, poniéndole su nombre. Parsons dedicó su vida al estudio de la geografía física e histórica de Colombia. Su trabajo más conocido es la obra clásica sobre la colonización antioqueña, pero también hizo un magnífico escrito, publicado en 1956, sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia.

Tal vez la mejor hora para visitar el Jardín Botánico de San Andrés es a media mañana, cuando aún no hace tanto calor. Un complemento ideal es seguir un poco más adelante de la bahía de Cocoplum, hasta los restaurantes que están ubicados al frente de la playa en la zona de San Luis. Vale la pena almorzar en uno de ellos, pues en pocos sitios puede uno bañarse en una playa paradisíaca mientras se cocina una cazuela de cangrejo.

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