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Ciudad para soñar

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EL PLAN DE DESARROLLO 2008-2011 de Cartagena se propuso, entre otros objetivos, construir una ciudad para soñar.

Pero no fue una ciudad para soñar la que le tocó vivir a Osiris Ortega, quien tenía sólo un año cuando murió en la madrugada del jueves 15 de julio, al irrumpir las aguas lluvias en la habitación donde se encontraba con su madre en una modesta vivienda en el barrio Paraíso II. Su muerte y la de su madre es un hecho vergonzoso, pues con muy pocos recursos económicos se hubiera podido evitar esta pesadilla, con desenlace trágico, que se vivió en la Calle Los Cerderos de este barrio, ubicado en las faldas de La Popa.

Como lo informó el periódico El Universal, en su edición del 16 de julio, los familiares de las víctimas “…hace tres años instauraron dos acciones de tutela para lograr una reubicación, pero tales recursos fueron fallados a favor del Distrito, pese a que aportaron pruebas fehacientes del peligro de la zona”.

Lo que nunca sabrá Osiris Ortega es que además del agua, ella fue también víctima de la pésima planeación del desarrollo urbano que durante años ha tenido esta ciudad que se prepara para celebrar, con champaña burbujeante y muy fría, sus 200 años de haber declarado la independencia absoluta de España (¡ah ironía!), porque el pueblo estaba cansado del mal gobierno. Valdría la pena no hacer ningún jolgorio, sino, más bien, en honor de Osiris Ortega, atender con esos recursos los problemas más urgentes de las personas en pobreza extrema en la ciudad.

¿En qué fallamos en estos últimos años para que llegáramos a tener que lamentar que un simple aguacero torrencial, de los que son usuales en el Caribe nuestro, terminara con la vida de dos mujeres y una niña en las faldas de La Popa? Desde un principio muchos analistas señalaron que el Plan de Desarrollo había sido hecho a las carreras, sin claridad conceptual sobre lo urgente y lo importante para la ciudad, con falta de planeación adecuada sobre los tiempos de ejecución, asignando enormes recursos para actividades de dudosa rentabilidad social y en ocasiones favoreciendo intereses particulares sobre los generales.

Cuando empezó a ser evidente que Cartagena no estaba avanzando al ritmo necesario para atender las necesidades más sentidas de su población, algunos columnistas, como Enrique Santos Calderón, y medios de comunicación regionales, como El Heraldo, a través de sus editoriales, en la época en que su director era Gustavo Bell, prendieron las alarmas pidiendo mayor focalización en las tareas más importantes. Lo mismo ha hecho el programa “Cartagena Cómo Vamos”. Sin embargo, nunca hubo debate, ni respuesta, ni cambio de orientación.

Quien repase el Plan de Desarrollo de Cartagena 2008-2011 encontrará, para mencionar un solo caso, que se asignaron $13.212’868.000 para la “Estrategia de Competitividad”. Se trata mayoritariamente de recursos para financiar estudios y documentos, como los 705 millones de pesos para el Plan Distrital de Competitividad. Tema, además, en que parecería que se están duplicando los esfuerzos, muy bien encaminados, de la Cámara de Comercio local en esta materia. En vez de esa serie de estudios y contratos de asesoría, hubiera sido mejor haber construido 660 casas, muchas más de las que se han hecho en la Ciudad del Bicentenario. En una de esas casas del barrio Vicente Celedonio Piñeres, por decir un nombre, Osiris Ortega hubiera llegado a los dos años de edad al cumplir Cartagena 200 años de su independencia.

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