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El olvidado Sur

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La economista francesa Esther Duflo propone que para avanzar en la solución de la pobreza y los problemas de los países en desarrollo es necesario alejarse de las grandes teorías y concentrarse en la definición de una serie de pequeños pasos bien pensados y probados que nos muevan en la dirección correcta. Agrega que para ello es necesario que abandonemos las grandes narrativas del desarrollo, para lo cual necesitamos salir de la oficina para mirar más de cerca al mundo.

Tal vez con ese ánimo dufloniano visité el pasado 3 de enero a Santa Lucía, en cierta forma epicentro de la inundación del sur del departamento del Atlántico. A unos diez minutos de su casco urbano, el 30 de noviembre de 2010 se abrió un boquete en el terraplén de la carretera de Calamar a Santa Lucía y millones de metros cúbicos de agua inundaron la región más pobre del departamento. Este fue uno de los pueblos que permaneció bajo el agua durante meses. Aún hoy los estragos de la inundación son evidentes: hay muchas casas semidestruidas y con clara evidencia de deterioro físico por haber estado bajo el agua. Unas pocas, como mucho un 15%, ya se ven recién pintadas y arregladas con las ayudas que han recibido a través de una fundación privada contratada por la Gobernación para ello. Además, a muchos de los habitantes de este desolado pueblo aún les deben la mayoría de los arriendos que les prometieron que les iban a reintegrar cuando se tuvieron que reubicar en Sabanalarga y Barranquilla.

¿Por qué va tan lenta la reconstrucción de Santa Lucía? No lo sé, pero sí observé dos casos muy diferentes en cuanto a esto. Me refiero a lo ocurrido con el único colegio de bachillerato del municipio y la estación de Policía. Entrar al Colegio de Bachillerato de Santa Lucía produce tristeza. Aunque ya está completamente seco, es una ruina donde la pintura, madera y pisos se encuentran sucios y deteriorados. Nadie ha limpiado estas instalaciones: el abandono es total. En contraste, la estación de Policía luce muy bien. Indagando un poco, se entera uno de que el sargento al frente de ella limpió la arruinada estación con sus propios hombres y luego le pidió al alcalde el carburo y unos pesos para contratar pintores. Un líder local es parte de la diferencia entre estas dos experiencias. También las instituciones hacen la diferencia. Desde hace algunos años la Policía Nacional se ha convertido en una de las instituciones más respetadas por los colombianos. Cuando buenas instituciones coinciden con buenos líderes las cosas se hacen rápido y bien.

Sabemos que nunca han faltado recursos económicos para la atención de los desastres del invierno de 2010. Sin embargo, si hacemos a la fecha un balance, 13 meses después de que se abrió el boquete, en poblaciones como Santa Lucía salta a la vista de cualquier observador que si bien no todo es peor, no todo es mejor. Además, hay en el aire un inmenso malestar entre los habitantes. Es lógico, han sufrido bastante, han sido pacientes, muchas veces les han hecho el baile del indio. Faltan instituciones que atiendan las necesidades urgentes de Santa Lucía. También falta mucho liderazgo. Ese liderazgo sólo se puede ejercer estando allí.

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