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El próximo presidente y su plan para Colombia

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EL PRÓXIMO PRESIDENTE DE COlombia tendrá la responsabilidad de presentar ante el Congreso el plan nacional de desarrollo (PND) que orientará la política de inversiones públicas en el período 2010-2014.

Sería lamentable que ese PND incurriera en una de las fallas más protuberantes de todos los anteriores planes: la de desconocer que el legado colonial está aún vivo, en la forma como se divide la prosperidad económica a través del territorio nacional. Hoy, los territorios más pobres son aquellos en los que en el siglo XVIII había más esclavos como porcentaje de la población (Chocó) y la mayor riqueza se encuentra allí donde predominaban los españoles y criollos con más educación formal (Bogotá). Esa situación ha persistido a través de los dos siglos de vida republicana y es una de las razones principales por la cual Colombia tiene una de las peores distribuciones del ingreso del mundo. Lo más lamentable de todo esto es que esa situación se está empeorando, pues tanto la distribución del ingreso entre las personas como entre las regiones es cada vez más desigual.

Es por eso que considero que el próximo presidente de los colombianos debe preocuparse por que el PND de su gobierno no ignore las enormes desigualdades económicas que hay entre las regiones de Colombia. Se trata de diferencias abismales, similares a las que hay entre los países más pobres del África tropical y los países de ingresos medio altos de Europa oriental.

Que las disparidades regionales se incluyan en el diagnóstico del plan es un primer paso esencial. Pero más importante aún es que se establezcan cuáles son las políticas que se van a adelantar para erradicar esas brechas. Esto por cuanto la sola preocupación por elevar el crecimiento económico, para que las migajas de pan que caigan de la mesa le lleguen a las regiones rezagadas, no es suficiente. Tal vez en el muy largo plazo el mercado por sí solo pueda eliminar las diferencias en los ingresos per cápita de las regiones. Pero para entonces, como decía Keynes, todos estaremos muertos, y quizá nuestros descendientes se encuentren viviendo en un típico “paraíso populista latinoamericano”, adonde inevitablemente terminan conduciendo a los países las políticas neodesarrollistas.

Que en el próximo PND se haga un buen diagnóstico de la problemática económica territorial del país y que, además, se incluyan políticas claras y financiadas de manera sostenible para avanzar en la solución de esa situación, lo cual no debería ser demasiado difícil. Por lo menos, no lo sería si se cuenta con un equipo económico que se conozca la geografía económica del país, las potencialidades de sus regiones, los problemas de sus gobiernos locales y las dificultades de comunicación en un país con una geografía física que aún no hemos logrado aprender a utilizar de la mejor manera. Demasiadas veces ha sucedido que los técnicos a quienes se les encargan las tareas de preparar los planes de desarrollo se sienten cómodos sólo en las oficinas de la burocracia internacional del primer mundo, las que prefieren a los ríos del Choco, las tormentas de arena de la alta Guajira, los raudales del Vaupés, las Playas de Amor en Chimichagua y la altillanura del Vichada. Esto no debería volver a suceder.

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