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EL 6 MAYO PASADO UN GRUPO DE GEnetistas que trabaja en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania, anunció que había hecho una secuencia inicial del genoma de los neandertales.
El equipo internacional de científicos que participó en el proyecto lo dirigió el reconocido genetista sueco Svante Pääbo.
El trabajo de Pääbo y su equipo fue de mucha complejidad, ya que se estaba trabajando con huesos de una especie que se extinguió hace unos 30.000 años. Es de gran relevancia para el conocimiento acerca de las interrelaciones que pudo haber entre estos dos grupos, después de que nuestros antepasados se diferenciaron genéticamente de esa especie, entre 270.000 y 400.000 años atrás.
El equipo de genetistas que trabajó en el proyecto se enfrentó a una serie de obstáculos técnicos. Lo primero es que no hay tantas muestras de huesos de neandertal para analizar. Lo segundo es que después de miles de años se han contaminado con las bacterias que viven en ellos, además de que los seres humanos al manipular las muestras muchas veces también las contaminan con su propio ADN. De manera creativa y con gran perseverancia todas esas dificultades finalmente se superaron.
El homo sapiens, el modesto nombre que nos hemos dado como especie, surgió en el África hace unos 80.000 años y convivió con los neandertales tanto en lo que hoy es el Oriente Medio como en Europa. Por esa razón, los antropólogos se han cuestionado siempre si durante esos milenios, en los cuales ambas especies compartieron un mismo hábitat, se aparearon entre sí, intercambiando sus genes. Los resultados obtenidos recientemente por el equipo del Instituto Max Planck parecen ser pertinentes para resolver esa incógnita.
Pääbo y su grupo consideran que si las similitudes entre el genoma humano y el del neandertal fueran iguales para todos los seres humanos, ello indicaría que el intercambio de genes cesó una vez estos dos grupos se separaron. Sin embargo, si las similitudes no son iguales para todos los seres humanos, ello indicaría que los intercambios genéticos interespecies se dieron posteriormente a la aparición de los seres humanos modernos. Usando información genética de grupos humanos de diferentes partes del mundo, el equipo del Max Planck encontró que las similitudes en diferentes secuencias del genoma humano con el de los neandertales son mayores para la población no africana que la africana. Ello lo que parece indicar es que esos intercambios se dieron una vez algunos grupos humanos abandonaron el África y convivieron con los neandertales en el Medio Oriente, hace unos 50.000 a 80.000 años.
Pensar que somos una especie tan singular y sin parentescos cercanos en el resto de la naturaleza suena bastante engreído, aunque bastante común en esta suerte de especie elegida en la que tan a menudo se autoerige la humanidad. Que hasta épocas no muy remotas estuvimos reproduciéndonos con nuestros primos neandertales, y que por eso se calcula que entre el 1 y el 4% de nuestros genes provienen de ellos, nos debe hacer mucho más respetuosos de nuestro entorno natural, pues finalmente, no somos tan singulares.