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Espacio y género

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Desde hace algunos años me ha llamado la atención la incomodidad que representa para las mujeres utilizar los baños públicos por las largas colas que suelen formarse en ellos.

En un cine, por ejemplo, los hombres vamos al baño y salimos poco tiempo después, para tener que esperar a nuestras acompañantes durante largo rato. Lo obvio es que hay factores de la naturaleza que influyen en esto. Habría que averiguar si parte de la explicación tiene que ver con factores relacionados con las costumbres y la socialización. En todo caso, las mujeres resultan discriminadas en el uso del espacio público y ése es un trato que no sólo las afecta negativamente a ellas, sino también a los hombres, pues todos perdemos tiempo esperándolas. Por supuesto, la peor parte la llevan las mujeres que a menudo tienen que enfrentarse a la incomodidad de una larga fila para poder cumplir con sus necesidades fisiológicas.

La pregunta obvia es: ¿por qué no se hacen baños públicos más grandes para las mujeres? Una acuciosa ingeniera industrial podría calcular la proporción del espacio que habría que incrementarle a los baños femeninos para garantizar igualdad de resultados. Los opositores de esta solución podrían ser los constructores, pues se incrementarían los costos. Pero como también aumentarían los beneficios de los consumidores, a la larga podría ser una solución óptima.

Este tema de la igualdad de oportunidades entre géneros para atender las necesidades fisiológicas en los baños públicos ya se está empezando a ventilar en varios países. En algunos casos, la solución ha sido establecer baños unisex, por lo menos en una parte de éstos, lo cual tiene algunas complicaciones adicionales.
Una medida en la dirección correcta sería eliminar la regla absurda de que los espacios dedicados a los baños públicos de los diferentes géneros sean de igual tamaño y que los constructores lo vean como una oportunidad para ofrecer un mejor servicio a todos sus clientes. Por lo menos eso pienso yo ahora, aquí esperando aburrido y sin nada que hacer, después de ver una excelente película, a que mi esposa y mis hijas salgan del baño. Un ejemplo sencillo, pero claro de que la discriminación de género es mala para todo el mundo. Si se sumaran las horas-gente desperdiciadas por esta irracionalidad espacial y se valoraran por su costo de oportunidad, en este caso el mayor tiempo para el disfrute del ocio, la suma no sería, con seguridad, nada despreciable. Más que legislación que enrede las normas de construcción, lo que debería primar es la lógica del mercado y de que ésta sería una inversión para mejorar el bienestar de todos los consumidores.

Hace unos pocos años no había en los baños públicos instalaciones especiales para los minusválidos. Hoy en día esa situación ha cambiado por completo. Se podría pensar en que algo similar puede suceder con la igualdad de acceso a los baños públicos de los géneros, ampliando los espacios para los de las mujeres . Este es un tema cuya importancia crecerá con el tiempo, en la medida que la población colombiana está envejeciendo y en las edades avanzadas hay muchas más mujeres. Este desbalance de género hará la situación más evidente. Todo esto pienso yo aquí, mientras espero dócilmente.

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