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Estamos en Colombia

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LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA INternacional ha dejado el prestigio de los economistas por el suelo.

Un chiste que está circulando por estos días refleja muy bien el concepto que muchas personas tienen sobre esta profesión que en tiempos pasados tuvo un gran reconocimiento social. El cuento es el siguiente: dos amigos están paseando en una despejada tarde en un globo. En algún momento se sienten perdidos. En un pequeño claro en la tupida vegetación ven a un hombre y le preguntan: ¿Señor podría decirnos en dónde estamos? El hombre los mira absorto y meditabundo y luego les dice: Están en un globo. Uno de los tripulantes del globo le dice a su compañero: Ese tipo es economista. ¿Ah sí, por qué? Porque nos dijo algo que ya sabíamos y lo dijo con gran autosuficiencia.

Pero más allá de las percepciones y comentarios jocosos, es un hecho que incluso algunos de los más destacados economistas del momento piensan que algo está fallando en la formación que en la actualidad están recibiendo los economistas. En la reunión anual de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (Lasa) correspondiente a 2009, el premio Nobel Joseph Stiglitz expresó su preocupación por el hecho de que para las nuevas generaciones de economistas, el análisis histórico sea todo lo que es anterior a la última década. En su opinión, la escasa o nula atención a la historia económica en los programas de doctorado, es uno de los factores que contribuyen a la falta de claridad sobre los comportamientos cíclicos del capitalismo, lo cual no ayuda a la discusión sobre las medidas para contrarrestar sus efectos.

Joseph Schumpeter, el gran economista austriaco de principios del siglo XX, ya había señalado que, para un buen entrenamiento, los economistas necesitan el dominio de las estadísticas/matemáticas y de la historia económica.

Sobre lo anterior, vale la pena señalar que en nuestro medio los principales programas de economía del país le otorgan escasa importancia a los estudios sobre historia económica de nuestra región y de nuestro país. En efecto, creo que en ninguno de los programas de economía más reconocidos hay un curso sobre historia económica de Latinoamérica.

En el caso de su Austria natal, y de muchos otros países, lo que recomendó Schumpeter para la formación básica de un economista es adecuado, ya que su territorio es pequeño (su extensión es apenas el 95% de la del departamento del Caquetá) y es más o menos homogéneo topográficamente. Pero claramente ese no es el caso de Colombia. En nuestro país, además de la historia, la geografía ha pesado enormemente en la conformación de las identidades regionales, las economías seccionales, la red de comunicaciones, el proceso de urbanización, los conflictos armados, el narcotráfico, y los niveles de desarrollo material. Es probable que en pocos países del mundo la geografía haya tenido y siga teniendo una impronta tan grande. Es por eso que considero que en el caso nuestro la geografía económica también debe ser parte esencial de una buena formación en economía. Sin embargo, en la actualidad hay ese vacío en los programas de la mayoría de las facultades de economía del país. Por esa razón, si usted llega a toparse algún día con un par de economistas muy inteligentes que van en un globo y le preguntan que dónde están dígales: Estamos en Colombia.

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