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EN SU OBRA RECIÉN PUBLICADA, Nueva historia económica de Colombia (Taurus, 2010) Salomón Kalmanovitz ratifica que en nuestro país la investigación en este campo atraviesa por un buen momento, pues en la última década se han publicado una gran cantidad de estudios de muy buena calidad.
Con el equipo de trabajo que conformó para este libro, y entre quienes se encuentran Edwin López, Enrique López, Carlos Brando, Carlos Alberto Jaimes y José Vidal, Kalmanovitz ha logrado sintetizar de una manera coherente buena parte de esos aportes.
Desde hace ya casi cuarenta años Salomón Kalmanovitz ha estudiado la historia económica de Colombia a la luz de la teoría económica y los problemas contemporáneos del país. Inicialmente lo hizo desde el marxismo. Más recientemente lo ha hecho desde el institucionalismo, tal como lo ha promovido Douglass North, quien argumenta que lo que determina el crecimiento económico en el largo plazo son las reglas de juego (instituciones). Asimismo, utilizan las contribuciones de la nueva economía política, al estilo de Daron Acemoglu y sus asociados. Pero siempre ese interés por la teoría ha estado acompañado por una gran preocupación por la evidencia empírica, por el rigor a la hora de evaluar las diferentes hipótesis de trabajo.
Los capítulos sobre el siglo XIX tienen varias contribuciones importantes, pero en particular resaltaré los que trae el tercero, titulado “La Independencia y la economía en el siglo XIX”. Allí los autores presentan unos cálculos pioneros, del producto interno bruto colombiano desde 1800 hasta 1905. Este es un primer intento por establecer la evolución global de la producción y para ello se hicieron cálculos más o menos desagregados para algunos años, como 1800, y en la mayoría se hacen extrapolaciones combinadas con la intuición económica y la información de tipo más cualitativa. Sin lugar a dudas entre algunos historiadores económicos estos procedimientos despiertan cierta prevención. Personalmente pienso que son una aproximación que por lo menos establece un orden de magnitudes sobre los cuales se puede discutir de manera más precisa. Además, sospecho que trabajos posteriores van a corroborar a grandes rasgos los resultados de Kalmanovitz, aunque es posible que los corrijan para algunos subperíodos o en algunos detalles puntuales, pero sin un cambio dramático en el orden de magnitudes.
El siglo mejor tratado es el XX, al cual se le dedican 12 de los 17 capítulos del libro. En parte, ello corresponde a que es el período en el que hay mejor información cuantitativa y en donde la estructura económica y la economía de mercado se ajustan mejor a las herramientas que utilizan de la nueva historia económica. Considero que otra razón es que se trata de la época sobre cuya historia económica han aportado más en las dos últimas décadas los economistas. Para concluir, resalto que la Nueva historia económica de Salomón Kalmanovitz y sus asociados es, a la fecha, la mejor síntesis de los avances logrados por la historiografía económica nacional en épocas recientes. Tiene la ventaja de estar escrita de manera clara, sin jerga y sin tecnicismos. Además, nos da una visión global de la evolución del producto interno bruto colombiano y sus componentes en los dos primeros siglos de vida independiente. Por todas esas razones es entendible el éxito que ha tenido en las ventas hasta la fecha y pienso que es muy probable que ello sea un fenómeno duradero.