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¿Qué está celebrando Cartagena?

Adolfo Meisel Roca
11 de noviembre de 2011 – 06:00 p. m.

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El 11 de noviembre de 1811, en medio de los enfrentamientos entre los dos bandos principales en que se dividió la dirigencia política criolla cartagenera, después de la invasión napoleónica a España y con el pueblo enardecido y vociferando en la plaza de la Gobernación para que ese día se actuara a favor de la libertad, se firmó el Acta de Independencia de Cartagena de Indias, en la cual se proclamaba que a partir de la fecha ésta sería: “… de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente…”.

Por esa acción se pagó un alto precio y muchos de los firmantes del acta lo hicieron con su vida y bienes por la declaratoria de independencia de España: José García de Toledo, Germán Gutiérrez de Piñeros, José María del Castillo, Manuel Rodríguez Torices y Juan de Arias. Pero fue todo el pueblo cartagenero, niños y ancianos, mujeres y hombres, negros y blancos, esclavos y libres, ilustrados y analfabetas, ricos y pobres, el que durante los siguientes años padeció por haber desafiado a la opresión colonial.

Cuando en 1815 el ejército español, comandado por Pablo Morillo, sitió a Cartagena durante casi tres meses, la ciudad amurallada resistió con singular valentía. Pero más que los españoles, el hambre fue el gran enemigo de Cartagena, ya que los heroicos defensores del puerto resistieron hasta que todos los alimentos se acabaron. En ese momento, sus dirigentes decidieron no rendirse, sino evacuar la plaza en una improvisada flotilla de naves corsarias para dirigirse a las islas del Caribe y desde allí continuar la lucha por la independencia. Lo que vino después del éxodo que cientos de cartageneros emprendieron en diciembre de 1815 fue una versión caribeña de la Odisea. El 15 de enero de 1816 uno de los emigrados, Juan de Dios Amador, en una carta enviada desde Jamaica y que se conoció recientemente gracias a las pesquisas del historiador Armando Martínez Garnica, le describió a su sobrino político, Francisco del Fierro, que se encontraba haciendo negocios en Nueva Orleans, los horrores que padecieron los cartageneros durante su travesía marina. Decía Amador: “Mi estimado sobrino… Después de los más grandes ejemplos de heroísmo por parte del pueblo, fuimos forzados a una evacuación tan desastrosa como cualquiera registrada en la historia. Lo más notorio del peso de la calamidad común parece haber recaído sobre nuestra familia”.

El 11 de febrero de 1815, Juan de Amador nuevamente le escribió a su sobrino político, para darle malas noticias sobre su esposa. Luego de contarle que la goleta Drummond había sido apresada en la costa de Portobello por los españoles y que los emigrados que iban allí fueron regresados a Cartagena, le dice: “He tenido a mi vista una lista de los prisioneros impresa en Cartagena por orden del gobierno. En su número se incluyen mi hermana María; tu infortunada esposa, mi siempre querida Pepita, con sus dos tiernos infantes y con su quebrantada salud, habiendo parido recientemente. Siento, querido sobrino, cuán inmensa debe ser tu aflicción, como lo es la mía, ante tan deplorable infortuna…”.

Ayer Cartagena celebró doscientos años de la declaración de su independencia absoluta. Ojalá que honremos siempre el alto precio que pagó el pueblo cartagenero de la época para triunfar en medio de la adversidad. ¡Cartagena no se rinde!

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