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¿Qué pasa en Bogotá?

Adolfo Meisel Roca
03 de febrero de 2012 – 06:00 p. m.

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De acuerdo con la recién pu-blicada Encuesta Nacional de la Situación Nutricional para 2010 (Ensin-2010), los niños de menos de cuatro años del Vaupés son los que tienen los mayores índices de desnutrición crónica en Colombia, 34,6%.

Sólo los de La Guajira y el Amazonas se encuentran en una situación similar, con porcentajes del 27,9 y 28,6%, respectivamente. La desnutrición crónica se define como una talla para la edad que está, a un cierto porcentaje preestablecido, por debajo de lo que debería ser, de acuerdo con unos valores de referencia establecidos previamente.

El Vaupés es un departamento selvático de difícil acceso desde el centro de Colombia, e incluso desde los países vecinos; no hay ríos navegables por largos tramos, debido a las interrupciones que imponen las cachiveras o rápidos. Todo lo que se lleva a su capital Mitú desde el resto de Colombia, debe ser llevado por avión, incluyendo el cemento y el combustible. Como resultado, los alimentos son muy costosos y los productos locales escasos. Además, la mayor parte de su población es indígena, un grupo étnico que se encuentra en desventaja en todos los lugares del territorio nacional donde tiene presencia, debido a la discriminación que durante siglos ha enfrentado. En La Guajira se presenta el mismo fenómeno, una geografía difícil y una población mayoritariamente indígena.

Cuando se analiza la desnutrición 2002-2010 por grandes regiones, los tres primeros puestos son para Bogotá, la Costa Caribe y la Amazonia: 16,7, 16,1 y 15,5 %, respectivamente. Esto es lo que se desprende del trabajo publicado el mes pasado por la economista Karina Acosta, “La desnutrición en los primeros años de vida: Un análisis regional para Colombia”. Por los niveles de ingreso y desarrollo social por debajo de los promedios nacionales no resulta sorprendente, aunque sí lamentable, que esa sea la situación en la Costa y la Amazonia. Pero lo de Bogotá sí es inédito, pues se trata de la capital del país, la ciudad más rica de Colombia y el principal centro industrial y financiero. ¿Qué pasa en Bogotá?

La primera pregunta es qué ha pasado con los programas bogotanos de lucha contra el hambre. ¿Han sido inefectivos? Lo que parece desprenderse del análisis de Acosta es todo lo contrario. Esos programas se han enfocado en complementar la alimentación de los niños que entran a la escuela. Lo que se observa es que para los niños del nivel escolar la situación mejora y la desnutrición crónica se encuentra por debajo del promedio nacional en el caso bogotano. El problema está concentrado en la población en edad preescolar, para los que los esfuerzos por reducir la desnutrición los adelantan principalmente entidades del orden nacional. Pero la razón por la cual este problema es especialmente pronunciado en Bogotá tiene que ser estudiada con más profundidad. El trabajo de Acosta da algunas pistas. Sin embargo, la información que utilizó, la de la Ensin-2010, no permite responder este interrogante de manera contundente. Menciona Acosta que uno de los factores que contribuyen al problema de la desnutrición crónica de los niños de cero a cuatro años en Bogotá, aunque la encuesta no permite corroborar esto, es la gran afluencia de desplazados e inmigrantes de escasos recursos hacia la capital. En todo caso parecería que hay una falencia en las políticas públicas que es de la mayor importancia solucionar. En ese sentido el programa iniciado por el Gobierno Nacional en 2011, “De cero a siempre”, podría ser un paso en la dirección correcta.

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