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Apreciado Fernando

Alberto Donadio
01 de marzo de 2014 – 10:00 p. m.

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El Presidente Santos releva del comando general de las Fuerzas Militares al general Leonardo Barrero Gordillo tras la revelación de una conversación que sostuvo en 2012 con el coronel Róbinson González del Río, acusado del homicidio de falsos guerrilleros.

“Hagan una mafia para denunciar fiscales y toda esa güevonada”, dijo el general Barrero.

El 8 de octubre de 2013, en la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes, el general Barrero había expresado: “Pueden esperar ustedes de las Fuerzas Militares durante este lapso, primero que todo, unas Fuerzas Militares absolutamente respetuosas de los derechos humanos”. Los usuarios de las líneas de atención al cliente escuchan frases parecidas: “Su llamada es muy importante para nosotros”.

Señala El Tiempo que la filtración “terminó convirtiendo a Barrero en una ficha insostenible para un gobierno que ha defendido la bandera de la ‘tolerancia cero’ frente a las violaciones de derechos humanos”.

Entonces se va para su casa el general Barrero, desacreditado, aunque no para los militares, que creen que salió por una güevonada, pero a los 53 años con pensión garantizada por varios decenios más, si goza de buena salud, y sin tener que volver a trabajar.

El descrédito público a que lo somete el Gobierno se deriva de haber tenido contacto con el sindicado de un homicidio de entre los miles de jóvenes muertos fuera de combate que hoy lloran las madres de Soacha. Pero el presidente que ve la viga en el ojo ajeno no se da cuenta de las 8.000 en el propio. A renglón seguido se filtra un correo del presidente Santos al exministro de Defensa Fernando Botero Zea, donde se habla de los precios de cuadros del pintor Fernando Botero. Se mencionan valores de 300.000 y 400.000 dólares en un mensaje en que Santos se dirige al “Apreciado Fernando”.

El general Barrero cae por una llamada sostenida con un sindicado. El presidente le escribe a alguien que fue condenado como autor del delito de hurto agravado por la confianza y la cuantía, además de que actuó como director de una campaña política que recibió financiación del crimen organizado.

¿Podría el presidente Santos explicarle al general Barrero por qué su interlocutor electrónico sí es persona honorable y digna del aprecio del jefe del Estado? ¿Podría, de paso, explicarnos a los demás por qué si a los guardianes del Inpec les está expresamente prohibido “efectuar negocios de cualquier índole con los reclusos”, a los habitantes del territorio, que somos todos reclusos de las decisiones del presidente, nos tiene que parecer admirable que el jefe del Estado, con su amigo de Christie’s o con su amigo Botero Zea, o con quien sea, se dedique a los negocios particulares? ¿O podemos pensar, como pensaba el doctor Eduardo Santos, que “no deben los hombres de negocios negociar y gobernar a la vez”?

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