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Fui a ver la última película de Clint Eastwood, lanzada a sus 89 años, El caso de Richard Jewell, porque casi nonagenario este director sigue produciendo películas convencionales bien armadas. Y también por una casual y lejana conexión con Jewell, el vigilante con bastante sobrepeso que en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1986 alertó sobre un morral sospechoso que estalló causando la muerte a dos personas y heridas a un centenar.
Jewell fue ensalzado inicialmente como héroe por haber sospechado del morral abandonado debajo de la banca de un parque y haber logrado que mucha gente se alejara del lugar. Pero luego el FBI empezó a investigarlo como posible autor del atentado. Varios medios de comunicación, los mismos que primero lo presentaron como salvador de vidas, lo acusaron de ser un terrorista. En la película las dos actuaciones sobresalientes son las de actor que hace de Jewell y la del que hace de su abogado. Conocí al abogado de carne y hueso que defendió a Jewell. Se llama Lin Wood y se volvió famoso desde ese caso, porque logró que CNN y NBC le pagaran una indemnización a Jewell, que era inocente de los cargos. La película gira sobre la investigación del FBI y la posterior absolución. Pero en la vida real fue más importante para Jewell la defensa que Lin Wood hizo frente a los medios que habían difamado al vigilante.
En Estados Unidos las personas difamadas o calumniadas por los medios de comunicación no logran fácilmente obtener una reparación económica, porque la jurisprudencia exige que si se trata de un personaje público hay que demostrar que el periodista obró con deliberada malicia al divulgar información equivocada. Conocía la fama de Lin Wood cuando en 2007 una periodista altanera y de mala fe del Miami Herald, llamada Jane Bussey, revivió una acusación ya descalificada y desacreditada contra el banquero Nicolás Landes, el cual según el gobierno de Andrés Pastrana había saqueado el Banco Andino desviando hacia un banco suyo en Miami casi US$200 millones. Aunque las autoridades financieras del estado de Florida dijeron desde el principio que ese dinero no pasó por el Banco de Miami, Jane Bussey repitió la acusación falsa. Era la ocasión de demandar al Miami Herald y le propuse a la familia de Landes, sobre cuya inocencia he escrito dos libros, que buscáramos a Lin Wood. Nos recibió un lunes de 9 a.m. hasta el mediodía. Él y dos asistentes habían investigado el caso y estaban tan bien informados, que fue un deleite pasar la mañana con ellos. Los honorarios de la consulta, pagados por la familia de Landes, fueron de US$15.000. Al final de la reunión almorcé con Lin Wood en el comedor del bufete en Atlanta. El almuerzo más caro que no me ha tocado pagar en la vida. El tema por supuesto fue Richard Jewell. Me contó que Jewell no conocía sino al abogado que le hizo la escritura de su casa, al cual llamó cuando se vio acusado de terrorista. Ese abogado le recomendó a Lin Wood, que hasta entonces no llevaba demandas por difamación.
Terminado el almuerzo tomé un vuelo para Fort Lauderdale para empezar el regreso a Bogotá. Al llegar a Florida alquilé un carro y cuando salía del aeropuerto prendí el radio. La noticia con la cual abría el noticiero era la muerte de Richard Jewell ese día de 2007, a la edad de 44 años. La familia de Landes no pudo costear la demanda. Lin Wood pedía un adelanto de US$250.000. Consecuencias de la fama que le dio un bonachón vigilante llamado Richard Jewell, hoy inmortalizado por Clint Eastwood.