Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Madres son, hembra o macho, quienes ofician el tremendo ritual de la crianza. Criar, más que un oficio es un servicio a la vida, una misión existencial, ya intuitiva, ya racional, pero siempre vital. Criar es la práctica carnal del amor creador (por tal convicción no admito que el Dios del monoteísmo sea masculino.)
Madre la estrella sol que nos acoge en su cósmico regazo y nos brinda su leche de luz ardiente.
Madre el planeta Tierra, madre la sierra, la selva y la mar. Madre mi abuela que vivió un siglo criando a las generaciones de su prole, Madre la amada que engendró, parió y crió a mi hija y a mi hijo, madre mi hija que se goza y también trasciende lo hogareño y lo doméstico. Madre la amiga libertaria que no quiso preñarse y adoptó una niñita expósita.
No hay maternidad en cuidar y consentir una mascota, eso es un cumplido expiatorio para aparentar que se aman y se cuidan las especies vivas del planeta. Las madres verdaderas son las que se atreven en el arte de criar hijas o hijos, de alimentarlos, de cuidarlos, de consentirlos, de educarlos, hasta que sean capaces de confrontarla, de contradecirla, la madre verdadera crea seres libres, sensibles, pensantes, polémicos.
En todos los tiempos y en todas las culturas, las mujeres cultas han decidido su maternidad, la filósofa Hipatia, la patriota Policarpa; mientras las del común resignadas a la imposición patriarcal, tuvieron todos los hijos que les permitió el cuerpo. Hoy en las zonas marginadas, donde muchas mujeres siguen excluidas de la educación, los machos inconscientes, también ignorantes, copulan al garete, cuando no a la fuerza y las hembras se hacen madres por albur. Unas son criadoras abnegadas, otras lo son por ingenua estrategia, suponiendo que su macho algún día recapacitará y la acompañará en la crianza.
Madres admirables las Ursulas, matronad caribeñas que asumen el destino de su estirpe; trágicas las Yocastas condenadas por el destino al amor fatídico de su hijo Edipo. Indispensables las madres viudas de las guerras porque por ellas perduraron los pueblos.
Son tristes las madres hechas en una violación, valientes y honestas las mujeres que se atreven a desobedecer la falsa moral y deciden el producto de su vientre.
Respetables las parejas homosexuales que adoptan hijos, renuevan la noción de la maternidad, demuestran que no basta parir para ser madre, la misión suprema es la crianzas.
Deploro a las que la religión las obliga a procrear sin planificar, su maternidad es fundamentalistas, me entristecen las que saben desde el embarazo que darán sus hijos a la guerra.
Yo perdí a mi mamá muy niño, mi comprensión de la maternidad no es vivencial si no analítica, tal vez sea escasa o equivocada la noción de madre que aquí expongo, por ello para concluir este homenaje a las madres, de corazón, felicito desde aquí a las que he visto ejercer el arte maternal: mis tías, mis hermanas, mis primas, a las mamás de mis amigos y a mis amigas con hijos, todas madres magníficas.