Más duro

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A diario, la prensa mundial difunde con profusión noticias sobre la crisis que padece el pueblo venezolano, enfatizando la culpabilidad del régimen y la pésima gestión del presidente Nicolás Maduro, pero omitiendo, exprofeso, la incidencia del drástico bloqueo económico e informativo con el que EEUU castiga la desobediente independencia y la insolente soberanía de Venezuela.

Ya es histórico que los Estados Unidos a los gobiernos latinoamericanos que hacen una política interior y exterior independiente y se muestran críticos con el sistema capitalista les aplique un bloqueo múltiple: así castigó a Chile cuando Allende, a Cuba castrista, a Bolivia con Evo y ahora, con más alevosía, a la República Bolivariana de Venezuela. En todos los casos lo estratégico es ocultar mediáticamente el bloqueo y sus consecuencias, ante la opinión pública mundial.

Un análisis honesto y objetivo de la crisis venezolana debe reconocer la incidencia del bloqueo inexorable: En 2015 Barack Obama declaró a Venezuela como “ una amenaza inusual y extraordinaria”, en 2018 Trump le impone sanciones del Departamento del Tesoro para prohibir transacciones con el Banco Central venezolano y con la estatal petrolera PDVSA, no se le permite hacer uso del Dólar como moneda internacional, lo que implica la imposibilidad de negociar la Deuda externa, en 2017, 300 mil dosis de insulina pagadas por el Estado venezolano no llegaron al país porque el Citibank boicoteó la compra de este insumo necesario para pacientes con diabetes, 1650 millones de dólares destinados a la compra de alimentos y medicamentos están secuestrados por la empresa Euroclear; además de la alevosa campaña para desestimular e impedir cualquier inversión de multinacionales en suelo venezolano.

Vale decir que dicha afrenta, la ha padecido el pueblo, pero no ha logrado escarmentar al gobierno bolivariano, Nicolás Maduro fue reelegido presidente por seis años. Ahora doce países del continente, denominados Grupo de Lima, huelga de toda diplomacia, concertan participar en el bloqueo, acusan ilegitimidad en las elecciones y exigen a Maduro que se aparte del gobierno. Los gobiernos de Bolivia, Cuba y Nicaragua y el progresista mexicano López Obrador, respetan la soberanía venezolana.

Lo que se viene es un endurecimiento de la presión internacional contra la República Bolivariana y, por supuesto, Nicolás Maduro reaccionará con mayor obstinación. Viviremos en la región un pulso de soberbias cuyo desenlace avisa violencias, muchos desearían la guerra.

La mediocre oposición sustenta su discurso en el rencor antichavista, no propone soluciones a la crisis más allá del derrocamiento del régimen. Tampoco el oficialismo ofrece alternativas, bajo presión busca el acompañamiento de China, a sabiendas que el imperio asiático no puede irrumpir en el fuero geopolítico del imperio gringo. Lo que aspiran las radicales es el operativo cinematográfico, una invasión de la Fuerza Aérea norteamericana atacando el Palacio de Miraflores hasta aniquilar a Maduro, pero Venezuela no es Panamá, tiene ejército y armamento para una reacción larga y horrenda, un ataque militar a Venezuela seria trágico para todo el caribe.

Más duro contra Maduro, más duro el sufrimiento del pueblo venezolano.

Yo sé que esta columna me acarreará acusaciones de pro-chavista, seguramente enemistades. Expongo mi parecer sobre el drama que vive un país hermano, consciente de que las causas de su actual condición son de toda índole: errores de gobiernos anteriores, excesiva confianza en la economía extractivista, radicalidad en las posiciones políticas en el panorama internacional, pero no dudo en denunciar que el indolente bloqueo impuesto por Estados Unidos ha sido el mayor provocador de la ruina venezolana.

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