Tan artista y naranjas

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Carol Acosta Mosquera es cantante, formada en la Academia Superior de Artes de Bogotá, aunque su verdadera escuela musical fue la que vivió desde niña en su familia, ya que su padre, el viejo Baltazar Acosta, es un músico popular que aún mantiene su hogar y sacó adelante cuatro hijos a punta de serenatas. Carol heredó el talento pero también el tesón de su padre, para mantener su hogar y criar sus dos hijitos, hace talleres de música en jardines infantiles, es contratista de Idartes, dicta clases de música a particulares, también da serenatas y, actualmente, es la voz y la imagen de la agrupación Al Son de Cuatro, en la cual tiene puestas todas sus esperanzas, para desde allí surgir y posicionarse como la gran cantante que es.

Carol encarna la historia de varias generaciones de artistas que sin estar en el top de la farándula y sin apoyo estatal se realizan en su oficio y logran un nivel de vida digno.

-Tan artista y naranjas- dice Carol con humor, asumiendo que vivirá de su arte aunque no le de riquezas.

El desamparo de los artistas se evidencia en los nímios presupuestos que los gobiernos destinan para la cultura en los PND, 0.19% durante el gobierno de Samper, el máximo en medio siglo.

Ahora, el presidente Iván Duque hará efectiva la ley 104 de 2015, denominada Ley Naranja, un embeleco en cuyo articulado no se refieren a las necesidades reales del artista colombiano: a sus condiciones laborales, a su seguridad social, al nivel de ingresos, ni siquiera sé garantiza la protección y circulación de las obras de arte popular a menos que encumbren el rango de industrias culturales.

Obviamente los grandes poderes económicos, dueños de los medios de comunicación acogerán sus propios artistas, amoldados a su noción de cultura y al servicio sus intereses. Ya lo vimos en el concierto pro “ayuda humanitaria” en la frontera con Venezuela, idiotas útiles prestando su arte a la ideología de sus mecenas.

La ministra de cultura Carmen Inés Vasquez no atina a explicar con claridad los beneficios de la economía naranja para el artista raso, todo lo sustenta en una noción de “emprendimiento” que desconoce la función social, educativa y cultural de las creaciones artísticas, así mismo se ubicará a los creadores como “mano de obra” de una típica escala de producción; ni en la ley naranja, ni en los discursos del presidente y de la ministra se menciona la protección al artista. Las oportunidades de negocios serán para las grandes empresas nacionales e internacionales, no para los artistas. De hecho, el Consejo nacional de la Economía Naranja está constituido por los ministros de Hacienda, Trabajo, Educación, de las TIC y de Cultura, Planeación Nal. El Dane y los presidentes de Bancoldex, Procolombia y Fideter; ninguna agremiación de artistas, ningún escritor, ningún cineasta.

Mientras el gobierno trama el embeleco naranja, en casa de la familia Acosta Mosquera seguirá reinando la música, Carol no se atendrá a los emprendimientos que le proponga el estado, montará conciertos con la agrupación Al Son de Cuatro, porque para ellos, como para todos los artistas consecuentes con su ideal creativo, el arte es una forma de vida, es razón y condición de su existencia.

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