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Un cese al fuego bilateral permanente sería importante para generar confianza entre los colombianos acerca de la posibilidad de lograr la paz.
Pero, como siempre en estos asuntos delicados, el problema está en los detalles.
De hecho, el tema más delicado son los protocolos de verificación de un cese al fuego. Este tema ya enredó otras negociaciones en Colombia.
La semana pasada el presidente Santos ofreció la posibilidad de decretar un cese al fuego bilateral permanente una vez que se firme el acuerdo sobre el fin del conflicto armado. Es un anuncio significativo, dado que es la primera vez que esta posibilidad se menciona desde que comenzaron los diálogos en Cuba, hace tres años. Además, sería el primer cese al fuego bilateral entre el Gobierno y las Farc desde los acuerdos de La Uribe en 1984.
Frente al anuncio del presidente, las Farc, quienes han reclamado un cese al fuego bilateral desde el comienzo de los diálogos, han reaccionado con frialdad y prudencia. Lo que incomoda a la guerrilla es el requerimiento de concentrar a sus tropas en áreas predeterminadas del país para que la verificación sea efectiva.
En el escepticismo de la guerrilla se reconoce el eco de una posición antigua que ha enredado tentativos anteriores de negociar un cese al fuego bilateral.
Desde las negociaciones de 1991 en Caracas, entre el gobierno del presidente César Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, el Estado siempre ha justificado la necesidad de la concentración debido a la geografía del país y a la presencia de múltiples actores armados en el territorio. Por su parte, la insurgencia siempre ha percibido el requisito de la concentración como una demanda inaceptable de rendición y como si el Gobierno estuviera negociando con una insurgencia derrotada.
En años más recientes, durante las negociaciones entre el gobierno de Álvaro Uribe y el Eln, una de las grandes tensiones fue la negativa de esta insurgencia a la concentración e identificación de sus miembros durante el cese de hostilidades.
La concentración es una fórmula que se ha utilizado varias veces en la verificación de un cese al fuego alrededor del mundo, como en Bosnia, Mozambique o Liberia. Pero esta no es la única metodología disponible. En casos como el de Sierra Leona se utilizó la fórmula de la “no movilidad”, que prevé que las partes mantengan las posiciones presentes.
Es cierto que Colombia es un país más grande y con un territorio más complejo que Sierra Leona, pero quizá la noción de “no movilidad” ayude a los equipos negociadores a encontrar un lenguaje que evite el tener que hablar de “concentración”, dados las resistencias y los temores que esta noción ha causado en el pasado en la insurgencia.
Porque sería desastroso a esta altura del proceso estancarse en una larga negociación alrededor de la veeduría de un cese al fuego bilateral permanente.